Estoy alucinando, estamos en la playa de vacaciones y mis hijos juegan todos los días con unos niños de Madrid que se suelen poner cerca, se llevan muy bien y son muy majos, pero su madre es de las de mírame y no me toques, tiene más leyes que la constitución.
‘No toques eso, no te pongas ahí, deja eso, más cerca, más lejos, más en medio’. No para, no para, no para.
Pues nada, los niños subieron el otro día llenetitos de piojos, cuando fui a hacer la cama por la mañana me encontré las almohadas con la sorpresita, así que nada, farmacia, productos, paciencia y día sin playa.
Cuando les desinfecté a los dos les dije que se acabó la arena en la cabeza, que nada de enterrarse, de tirarse bolas y cualquier cosa que implicara la ecuación: pelo + arena.
Bajamos esta mañana y mientras estamos clavando la sombrilla viene la Chicho Terremoto hecha una fiera diciendo que mis hijos le han pegado los piojos a los suyos, que ha tenido que llevarlos a una peluquería a que los desinfecten y que le han cobrado 50€ de cada uno, que le debo 100€ por no controlar a mis hijos.

Evidentemente le he dicho que suerte en la vida, que no pienso darle ni cincuenta céntimos, que los niños juegan en la arena y los piojos los han sacado los cuatro de allí.
Se ha puesto hecho una fiera, que a ver qué estaba diciendo yo de sus hijos, que si los estaba llamando guarros, que sus hijos no se ponen arena en la cabeza, que nunca antes habían tenido piojos y que era por haberse juntado con los míos.
Ha culminado recogiendo a sus hijos y todo el chiringuito y yéndose a más de 20 metros, me ha amenazo con que si ve que mis hijos se acercan a los suyos me denuncia.
NO ENTIENDO NADA.