No sé ni por dónde empezar. Mi hermano y su mujer llevan muchos años intentando ser padres y no lo consiguen. Han tenido varios embarazos, pero mi cuñada aborta los embriones y en la última ocasión la situación se complicó y tuvieron que quitarle el útero. Los hemos acompañado todo este tiempo en este largo y duro camino y los hemos intentado convencer de que se abriesen a la opción de la adopción, pero parece ser que, aunque a mi hermano no le importaría, mi cuñada quiere un bebé recién nacido y como por todos es sabido, en los procesos de adopción no se eligen los niños tan a la carta ni vienen cuando uno quiere.
Somos conscientes de todo el dolor que han pasado y que están pasando, especialmente mi cuñada, y como mujer y madre, puedo empatizar muchísimo con ella.
Pensábamos que con el tiempo o bien terminarían aceptando el tema de la adopción o que pasarían página, pero el otro día nos dieron una noticia que nos ha dejado fríos. Resulta que como mi cuñada es brasileña, a través de un contacto suyo, han acudido a la gestación subrogada. Es decir, una mujer a día de hoy está embarazada de un bebé fecundado por mi hermano, aunque no he querido ni preguntar cómo se ha realizado esa fecundación.
A mis padres no les entra en la cabeza, pero por un motivo de edad y de forma de ver la vida, por lo que están en plan que no saben muy bien qué pensar. Mi otro hermano dice que perfecto, que si su hermano quiere ser padre que adelante con todo, que opción que exista, buena es.
Y yo, pues tengo que ser la mala de la película porque no me parece bien, sinceramente. Puedo comprenderlos, de verdad, pero me parece que no todo vale. Que la gestación subrogada es una forma de explotación humana y que me pone enferma que mi hermano haya accedido a algo así.
El otro día tuvimos una discusión y ahora mis hermanos no me hablan. Por un lado me entristece mucho como no puede ser de otra manera, pero es que no pienso darles una palmada en la espalda porque me horroriza eso que han hecho. Mi hermano dice que el cuerpo de la madre de alquiler es suyo y que ella es libre de acceder a ello. No, perdona. Esa mujer, para acceder a algo así, tiene que verse en una necesidad aplastante. En esta ecuación existe una persona con posibilidades económicas de comprar hasta lo que la biología le niega, y una persona, que, para subsistir, necesita prestar su cuerpo a algo tan sumamente íntimo y personal como gestar y parir un hijo. Eso para mí no es libertad. Eso es como decir que las madres que meten a sus bebés en las pateras para cruzar el Estrecho, lo hacen libremente, porque quieren. Porque nadie les pone una pistola en el pecho. Pero imaginad cómo debe ser su realidad, que prefieren la posibilidad de morir en esas pateras con sus niños a quedarse en sus países de origen. Pues esto es igual. Si esa mujer se presta a eso por dinero no es precisamente porque es libre.
Es una forma de prostitución, pero vendiendo en vez de sexo, tu capacidad reproductiva. Al igual que para que exista prostitución tiene que haber puteros, para que estas pobres mujeres accedan a traer al mundo a bebés que paren de sus entrañas para dárselos a otros, tiene que haber mercenarios que tengan la poca humanidad de exponer a eso a una mujer necesitada.
Yo soy madre, y sé que hablo desde ese privilegio. Pero también os digo que si no hubiese podido serlo hubiese sido muy triste y difícil para mí pero no habría antepuesto mi deseo a arrancarle a una recién parida un bebé de los brazos y muchos menos, arrancar a un bebé de quien lo ha gestado y parido. Hay veces que hay que claudicar con el destino y entender que el dinero no puede, y mucho menos debe, comprarlo todo.
