Reproducimos testimonio de una seguidora:
Pues sí, señoras, como lo leen. Durante una semana de mi vida me dieron por muerta. Y no es que me fugase de mi casa con un señoro que había conocido por el antiguo Badoo y que mi familia divulgase mi foto con mi descripción en SOS desaparecidos, no. Todo esto me pasó por saltarme las clases en la universidad durante una semana.
Parece increíble pero esto me ocurrió en mi tercer año de carrera. Durante aquella época asistía a clases con una chica que se llamaba igual que yo y que, casualmente, vivíamos en el mismo pueblo. Y hasta ahí llegaban todas las cosas que teníamos en común, porque la chica era un poco rara, no vamos a mentirnos.
Entre Lucía y yo, como os digo, no había prácticamente relación, más allá de saludarnos cuando coincidíamos en el metro si nos encontrábamos de frente, sino agachaba la mirada y me evitaba. Tampoco se relacionaba demasiado con la gente de clase. Que tuviera asignaturas de todos los cursos no ayudaba tampoco. Era la típica repetidora de final de la clase, de la que conoces poco más que el nombre cuando pasan lista, con más matriculaciones en derecho romano que pelos tenía en la cabeza y que aparecía en el aula el día del examen en la convocatoria de septiembre, vaya.
Pero lo increíble de esta historia viene de aquella semana que no asistí a clase porque tenía exámenes en el conservatorio. Como era habitual en mí, no avisé a absolutamente a nadie y dejé el móvil sin batería o sin cobertura durante todo ese tiempo, demasiado ocupada para mirarlo. Tan absorta estuve que no entré a Facebook para ver cómo mi grupo de amigos de clase habían organizado un evento en Facebook para acudir a mi funeral. Tampoco pude ver los post que habían publicado con frases como “DEP, LUCÍA, DESCANSA EN PAZ”. Vamos, que había una página de la red social informando de la hora de mi entierro y los grupos que iban a hacer para ir en coche hasta mi pueblo y no perderse la ceremonia. Todo ello lo acompañaban con fotos del grupo saliendo de fiesta y estudiando en la biblioteca. Todo muy american style. Os juro que cuando terminé los exámenes y vi semejante locura, lo primero que pensé es que sería una liada de mi amiga Soraya por no avisar en toda la semana, así que la llamé divertida y enfadada. Ella me respondió con un grito ahogado diciendo:
¡¡¡¡Chicos, estoy hablando con el fantasma de Lucía!!!!!
Perpleja y viendo que no estaba bromeando, le pedí que me explicase qué pasaba y me contaron que, según les había dicho la otra Lucía, se había muerto una chica de mi pueblo que se llamaba, casualmente, también Lucía y que tenía nuestra edad. Y claro, viendo que yo no daba, literalmente, señales de vida, la histeria colectiva hizo el resto: LUCÍA HA MUERTO.
Menos mal que “resucité” a tiempo, porque si no, se habrían presentado en el tanatorio directamente para velar a una chica que no conocían para darle el pésame a su familia de parte “de sus compañeros de derecho”. Ya solo les faltaba la corona de flores. Imaginaos el percal.
Y así, sin enterarme yo de nada, me morí y resucité en una semana mientras ensayaba la Quinta Sinfonía de Beethoven para mis exámenes.
