Reinas, por todo lo bueno que nos estáis dando con tantos artículos molones estos días de encierro, hoy quiero yo regalaros la última que me pasó ayer noche en mi ventana.

Había pasado el día frente al ordenador,
estar en casa es horrible, un poco de aire, por favor.
Mi compañera de piso se escapó a la sierra la muy cabrona,
y me dejó aquí sola, sin compañía, ¿será buscona?
Pero para chula yo, que no rencorosa,
me puse a buscar en el salón y encontré una cosa.
Los petillas de mi colega, ¡qué fiesta, qué despiporre!
Verás tú lo bien que lo voy a pasar, a ver quién me socorre.
Me lié el porrito como pude, que yo de esto ni idea,
y creo que lo cargué de más porque ¡menuda humareda!
Pienso ‘me salgo a la ventana, que aquí la voy a liar‘,
y allí aposentada me puse a disfrutar.
Era de noche, y en la calle ni un alma,
y yo allí fumando, despacito, con la calma.
Le di cada calada que parecía yo un botafumeiro,
pero qué bien me sabía aquello, ni el mejor ribeiro.
Cuando ya estaba a punto de terminar escucho voces,
digo ya me ha dado la paranoia, ¿a ver qué pasa entonces?
Miro a los lados en medio de la oscuridad,
y allí asomado a la ventana veo a mi vecino, de verdad.
Casimiro, ochentaitantos, el pobre vive solo,
y allí lo tenía tragándose todo el humo de mi porro.
Le pido perdón mil veces, no me lo podía creer,
pero en en lugar de enfadarse ¡me plantea que lo volvamos a hacer!
‘Nos vemos mañana, no te olvides‘ me dice Casimiro la mar de contento,
le digo ‘¿qué dice buen hombre? No creo que esto sea bueno para su confinamiento‘.
Casimiro se ríe, es el porro, que lo ha llevado a la nube,
y yo lo sigo claramente, esta mierda sí que sube.
Me fui a la cama tranquila y soñé con los angelitos,
imagino que Casimiro también descansó después de aquel porrito.
Hoy seguro que me llama para que la líe de nuevo,
y lo mejor de todo esto es que el vecino y yo ya somos compañeros de juego.
¡Gracias, amigas, por lo bueno que hacéis en estos días tan complicados!
¡Besos a todas!