Estoy segurísima que, tras leer mi historia, más de uno y una dirá «no es tu culpa, pero…» Pero no la quiero contar para esas personas, sino para explicar este truco en el que yo caí y se convirtió en una pesadilla.
Esto me pasó hace 5 años y os juro que hasta hace dos meses no supe que es una práctica extendida (gracias Tiktok).
Conocí al HDP (nombre falso) por Tinder. En la primera cita ya me saltaron las alarmas pero no sé por que decidí ignorarlas. Le tuve que decir hasta 3 veces que dejara de tocarme porque me ponía la mano en el muslo. También me dijo que considera una falta de respeto hacía los hombres que sus parejas hagan topless o den el pecho en público. Repito, era suficiente para que hoy saliera corriendo, pero os juro que no se que me pasó aquella vez. ¿Falta de automestima? Posiblemente. La verdad es que HDP era muy atractivo y a través del whatsapp teníamos mucho en común.

Llegó la segunda cita, esta vez en su ciudad. Esta vez no me tocó y yo pensé «bien, mejora la cosa». Estábamos en una terraza y empezaba a oscurecer y refrescar, así que me dijo de ir hasta un centro comercial para estar más cómodos y seguir hablando. Pero antes me pidió que subiéramos a su casa un momento que se había quedado sin batería en el móvil. ¿Qué podía salir mal? Iban a ser 10minutos, dijo.
Me dijo que me sentara en el sofá, no recuerdo de que hablamos exactamente, pero se sentó a mi lado y empezó a besarme. Aunque me pilló de sorpresa, correspondí porque también tenía ganas. Empezó a meterme mano y le dije que no, e intenté apartarle la mano. De repente tenía a una mole de 40cm y 50Kg más que yo encima de mi, besándome mientras me aplastaba con su peso y se la sacaba. A partir de ahí me bloquee. Recuerdo su peso sobre mis piernas y mi mano en su pene. Y pensar repetidamente «por qué has subido, por qué has subido…». No recuerdo sentir nada más que las ganas de irme. No sentía pánico, ni miedo, ni placer, ni excitación. Es como si no hubiera nada más que la idea de irme.
Acabó en mi camisa. Dije que con eso ahí no quería irme y me llevó al baño para limpiarme la mancha. Seguía como ida. Cuando la mancha se fue, le dije que tenía que irme. Me acompañó hasta la puerta. No se si dije algo, pero si recuerdo lo que él dijo «ahora no me vayas a denunciar» en tono jocoso. Me descolocó.
Llegué al coche sin reaccionar. No fue hasta mitad de camino que empecé a llorar. Quería parar, quería llegar a casa, quería estamparme contra un árbol y matarme.
Me fui directamente a casa de una amiga a contárselo. Ella me dijo que fuéramos a denunciar. Le respondí que nadie me creería y sería mi palabra contra la suya. No había heridas, solo había usado mi mano y mientras lo hacía no hice nada.
Llegué a casa y metí el bolso, los zapatos y toda la ropa, excepto la camisa que fue a la basura, a la lavadora a máxima temperatura en la lavadora con el doble de detergente. Y me duché dos veces. Me estaba secando el pelo con el secador cuando volví a meterme. Me sentía sucia. Y débil.
Han pasado 5 años de esto. Hace unos meses estaba viendo tiktok cuando me salió un machirulo dando consejos de macho alfa. «El truco de la batería del móvil (o del cargador olvidado)» como excusa para llevarte a una tía a tu casa si piensas que no subirá sin un motivo inocente, porque el de «te invito a la última copa en casa» ya indica lo que quieren, claro.
Cuento mi historia para que a ninguna le pase como a mi. Y también deciros que si alguien tiene «red flags» en una primera cita, no las ignoréis, el instinto suele acertar.