El Vecino: capítulo 11

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  • Moetsi
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    Moetsi on #145194

    Mis padres no se marcharon hasta el sábado, yo tenía turno de mañana y a las 4 ya estaría libre, quedó en venir a recogerme y comeríamos en el centro comercial.
    Cuando llegó, una de mis compañeras se fijó en él:

    -¿Ese no es el mismo chico que nos encontramos aquí una noche y que vino a buscarte otro día también?
    -Sí, el mismo.
    -¡Qué calladito te lo tenías! Oye dile que entre y nos lo presentas que queremos verlo de cerca.
    -No, no pienso dejar que se acerque a vosotras que sois unas liantas y me vais a poner en un compromiso y a él le vais a hacer pasar vergüenza, que ya os conozco.
    -Pero cuéntanos quién es al menos ¡no nos dejes así!
    -Es mi vecino, el hermano de la chica que salió con nosotras la otra noche y no pienso decir ni una sola palabra más, me voy que ya es mi hora.
    Recogí mis cosas y me despedí de ellas hasta el lunes, y cuando salía por la puerta escuché como gritaban entre risas:
    -¡Pasadlo bien! ¡Adiós vecino!

    Él se giró para mirarlas sonriendo y les hizo un gesto con la mano.

    -Se están refiriendo a mí, si lo sé entro a saludarlas.
    -¡No! No sabes lo que dices, tú crees que tu hermana hace muchas preguntas pero si entras ahí con esas dos, estás perdido. Algún día las conocerás, pero hoy no, hoy y mañana estamos solo nosotros dos.

    Ésta vez fuimos a un bar donde preparaban comida casera, había estado allí algunas veces cuando tenía turno doble y aunque no era un sitio especialmente refinado, todo lo que hacían estaba muy bueno.

    -Hay un montón de platos para elegir y cocinan muy bien. Yo soy de gustos sencillos y prefiero la comida casera, pero alomejor te apetecía otra cosa.
    -No, me parece perfecto, me gustan los sitios como éste.

    Pedimos dos tipos de arroz diferentes y una ración de sepia a la plancha.
    Cuando terminamos, salimos a tomar un café y ya después nos marchamos. Me propuso que pasáramos al menos el sábado en su casa.

    -¿Has pensado ya que vamos a hacer?- aún llevaba puesto el uniforme del trabajo- Quiero pasar por casa antes a ducharme y a cambiarme de ropa. ¿Te parece bien si subo dentro de un rato? Así pongo una lavadora y dejo ya el uniforme preparado para el lunes.
    -De momento solo te diré que esta tarde tú y yo vamos a tener una cita, pero no vamos a salir así que no te arregles mucho, ponte algo cómodo para estar en casa.
    Después tengo algunas ideas más, y la ducha estaba incluida, pero siempre puedes ducharte dos veces ¿no?
    Por cierto, recógete el pelo.
    -¿Te gusto más así?
    -No, no es eso, a mi me gustas te peines como te peines, pero tienes el pelo largo, y con ciertas actividades puede que te dé calor llevarlo suelto.
    -¿Actividades? ¿Vamos a participar en otra gymkana?- reí.
    -Anda, cámbiate de ropa, pon la lavadora, haz lo que tengas que hacer y cuando termines sube.
    -¿Quieres que lleve algo para cenar?
    -No, no te preocupes por nada, que lo tengo todo pensado.
    No tardes mucho.

    Después de poner la lavadora me di una ducha rápida, vi encima de la silla mi ropa de andar por casa, una pantalón viejo lleno de pelotillas y una camiseta que tenía un pequeño agujero en una manga. Me reí pensando que una cosa era ir cómoda y otra presentarme en su casa como una pordiosera. Al final elegí un conjunto de mallas y camiseta a juego en negro y rosa que me había comprado con la intención de usarlo para salir a correr, cosa que evidentemente no había hecho y pensé que así al menos lo estrenaría.
    Me recogí el pelo en un moño sin poner mucho cuidado, pero después me entretuve unos minutos en intentar colocar con un poco de gracia los mechones que habían quedado sueltos, usé un poco de perfume y me apliqué bálsamo labial.
    Estaba lista y lo único que me faltaba para empezar el fin de semana lo tenía un piso más arriba, esperándome, así que cogí mis llaves y subí de nuevo esas escaleras.
    Me miró de arriba abajo al abrir la puerta:

    -Estás muy guapa y hueles muy bien.
    -Voy con ropa de deporte, no es para tanto.
    -Yo llevo un pantalón de chándal, una camiseta vieja y además estoy descalzo así que tú con poco estás infinitamente mejor, ¿te vas a quedar ahí o entras?

    Había dejado la puerta entreabierta y se había colocado de tal manera que tuve que pasar rozando mi cuerpo contra su pecho.
    Me dirigí al salón y él vino detrás, estaba fumando y noté cómo exhalaba el humo cerca de mí.

    -¿Te molesta que fume?
    -No, yo antes también fumaba, hace casi un año que lo dejé.
    -Entonces intentaré no fumar delante de ti.
    -Tranquilo, con que no me eches el humo en la cara es suficiente.

    Sonrió y apagó el cigarro.
    Cogió un sobre que había en la mesa y me lo dio:

    -Tengo algo para ti.
    -¿Un regalo? Mi cumpleaños es en 3 semanas, podrías haber esperado un poco más.
    -¿Ves? por esto insistía tanto en quedar contigo, no sabemos ni las fechas de nuestros cumpleaños, esto hay que solucionarlo y por eso hoy vamos a tener esa cita.

    Abrí el sobre, era un cd con canciones que había grabado para mí.

    -Luego lo ponemos y me cuentas qué te parece.
    -Seguro que me gustan, muchas gracias.
    -He preparado café ¿te apetece?

    Fuimos a la cocina a por un par de tazas, regresamos al salón y nos acomodamos en el sofá.

    -¿Qué quieres que te cuente?- le pregunté.
    -Cosas sobre ti, no lo sé, tu comida favorita, la fecha de tu cumpleaños, qué cosas te divierten,… todo lo que se te ocurra y que quieras contarme.
    -Está bien, pero yo también quiero saber de ti.
    -Claro, de eso se trata.

    Estábamos en mayo y empecé por decirle que mi cumpleaños era ese mes, mi color favorito era el verde, me gustaba el otoño y el olor a lluvia, mi plato favorito era la pasta, me perdía el chocolate negro y en ocasiones cenaba tortitas.

    -¿Tortitas para cenar?
    -Sí, sé que suena extraño, pero por las mañanas normalmente solo tomo un café, así que de vez en cuando me preparo unas tortitas con fruta y chocolate y desayuno a la hora de la cena.
    -Qué rarita eres… ¿algo más?
    -Sí, aunque esto ya lo sabes, no puedo vivir sin música, para mi es imprescindible, y escucho de todo pero lo que más me gusta es el rock y a veces me gusta poner la música a todo volumen y cantar a grito pelado en la ducha o en el coche, y me da igual si me toman por loca, es una de las cosas que más me divierte hacer.
    -Eso he podido comprobarlo. Todo lo que me has dicho es lo que te gusta pero ¿y lo que no? Eso también quiero saberlo.
    -Pues no me gusta el color rojo, me dan pánico las arañas y no soporto que me hagan esperar.
    -Lo tendré en cuenta.
    -Bueno ¡te toca a ti!
    -Yo soy muy simple, no hay mucho que contar, mi cumpleaños es en octubre, me gusta el color azul, mi plato favorito es el arroz, me gusta cocinar, y no soy muy goloso pero sí me gusta el chocolate. En lo de la música ya sabes que coincidimos, aunque yo no canto en el coche y tampoco he cenado nunca tortitas.
    -Eso podemos arreglarlo, si quieres las hago esta noche.
    -De la cena hoy me encargo yo, pero puedes preparar el desayuno mañana.
    -¿Vas a hacer tu la cena?
    -¡Pues claro! Ya te he dicho que me gusta cocinar, entre semana normalmente lo hace mi madre, pero cuando me quedo solo, me lo hago yo todo. Y hoy has tenido suerte, porque voy a hacer tallarines con verduras y parmesano ¿qué te parece?
    -¿De verdad? Qué bien, me encantan.

    Estuvimos hablando un buen rato más y me contó que su tío le había contagiado ese gusto por la cocina. Tenía un restaurante en Suiza, se fue allí siendo joven y con el tiempo pudo montar una pequeña escuela, enseñaba a chicos jóvenes y luego hacían las prácticas en el restaurante, él había ido algunos veranos y su tío le había enseñado todo lo que sabía.

    -¿Sabes? Ha sido una buena idea esto de la cita.
    -Te lo dije, además era algo que teníamos que hacer, ya te he presentado a mi familia, nos hemos acostado y hemos pasado un fin de semana juntos, solo nos quedaba conocernos.
    -Tienes razón, hemos sido un poco desordenados pero ahora que ya nos conocemos, supongo que podemos repetir el resto de los pasos, ya estoy pasando el fin de semana contigo así que por orden, ahora deberíamos acostarnos.

    Me acerqué un poco más a él con intención de besarle, pero se levantó del sofá casi de un salto:

    -Es hora de ir preparando la cena, quédate aquí y así escuchas el cd mientras yo voy organizando todo ¿vale?
    -Está bien ¿no necesitas que te ayude con algo?- le dije un poco extrañada.
    -De momento no, tranquila, si necesito algo te aviso.

    Sonrió y me besó en la mejilla.
    Me quedé allí de pie parada mirándole sin entender muy bien lo que acababa de pasar pero como él seguía tan normal, decidí no darle más importancia en aquel momento.
    Puse el cd y empecé a pasar cada canción después de unos segundos, las 5 primeras eran canciones que yo no conocía y que él me había enseñado en algunas de nuestras conversaciones anteriores sobre música. Al llegar a la sexta y seguir pasando el resto, me sorprendí.
    Reconocía todas las canciones, pero no solo las reconocía, si no que eran canciones que asociaba a él.
    Era algo que yo hacía constantemente, pero lo que me sorprendía era que él había hecho lo mismo, y con los mismos momentos que para mi habían sido especiales y las había elegido para mí.
    Estaba mi canción favorita, estaba la que pusieron aquella noche en la peña y hasta la que yo había cantado a gritos en su coche un par de días antes.
    Era como escuchar la banda sonora de nuestra historia.
    Fui hasta la cocina y me quedé en la puerta observándole mientras él preparaba las verduras para la pasta.

    -¿Has puesto el cd?
    -Sí, he escuchado un poco por encima las canciones.
    -¿Y qué te parece?
    -Me sorprende ¿por qué has elegido esas canciones?
    -Algunas son de las que no conocías y las he grabado para que puedas escucharlas.
    -Me refiero a las otras, a las que sí conozco ¿por qué esas y no otras?
    -Me estás preguntando algo sabiendo ya la respuesta, las elegí porque me recordaban a ti ¿qué es lo que te sorprende tanto?
    -Me sorprende que recuerdes ciertos momentos de la misma manera en que yo lo hago.
    -¿Crees que no me fijo en los detalles? Puedo recordar cómo ibas vestida el primer día que te vi en la parada del autobús, al igual que recuerdo tu canción favorita o la que sonaba cuando volvimos a la peña después de haber estado en mi casa.
    -Me ha encantado el cd, has hecho algo muy bonito, no sé cómo puedo agradecértelo.
    -Ven, acércate.

    Me paré frente a él, creí que por fin iba a besarme:

    -Coge un par de copas de ese mueble ¿te gusta el vino?- se dio la vuelta, fue hacia la nevera y sacó una botella- podemos tomar una copa mientras termino esto.

    Otra vez la misma reacción ¿me estaba esquivando o era cosa mía?
    Saqué las copas y serví el vino:

    -No suelo beber vino, pero puedo tomarme una copa, si me dejas quedarme aquí contigo…
    -Pues claro que puedes quedarte, ¿por qué no ibas a poder?
    -No lo sé, a lo mejor prefieres que espere en el salón.
    -Qué tontería, me gusta tenerte cerca, anda siéntate y tómate esa copa tranquila, esto ya casi está.

    La cocina tenía una barra central, acerqué uno de los taburetes y me senté allí en silencio.
    Él iba de un lado a otro y de vez en cuando se paraba detrás de mí, rozando su cuerpo contra mi espalda a propósito mientras se acercaba a coger la copa de vino.
    Una de las veces mientras bebía, cogió uno de los mechones de pelo que me habían quedado sueltos en la parte de atrás y empezó a jugar con él:

    -Al final me hiciste caso.

    Me giré y me quedé frente a él, se acercó un poco más y se colocó entre mis piernas:

    -Te queda bien el pelo recogido, aunque también me gusta cuando lo llevas suelto y puedo acariciarlo.
    Seguía jugando con aquel mechón enredado entre sus dedos y eso hizo que inclinase un poco la cabeza, cerré los ojos durante un segundo, aquello me gustaba.
    Acercó la copa a sus labios, bebió un poco de vino, la dejó en la mesa y se apartó de nuevo.
    Suspiré con resignación, empezaba a molestarme un poco aquel juego pero no dije nada.

    -¿Me ayudas a preparar la mesa? La cena ya está.

    Puse unos cubiertos y rellené las copas de vino mientras él servía los platos.
    Cenamos allí mismo, en la barra de la cocina.

    -Esto está buenísimo, si todo lo que cocinas es así, podría acostumbrarme a que me hicieras la cena más a menudo.
    -Cuando quieras, solo tienes que pedirlo.

    Me ofrecí a fregar los platos, era lo menos que podía hacer después de aquella cena, así que insistí en que se quedara en la mesa terminando la copa de vino mientras yo recogía todo.
    Cuando terminé nos fuimos al salón y nos sentamos de nuevo en el sofá.

    -No pensé en el postre, podría haber preparado algo.
    -No te preocupes, yo estoy llena, he cenado muy bien, además el postre podemos ser nosotros.

    Volvió a levantarse del sofá apartándose de mí de nuevo.

    -Voy a poner música, o si prefieres vemos una película.

    -Bueno, ya está bien ¿me vas a decir qué te pasa hoy?- le dije con un tono un tanto serio.

    Me miraba sin dejar de sonreir, con esa expresión en la cara de quién sabe algo más que el resto.

    -Yo no le veo la gracia y no sé porqué me pones esa cara.
    -Es que no me pasa nada.
    -¿No? He intentado acercarme a ti varias veces, y prácticamente has huido de mi lado pero luego vuelves y me acaricias y me rozas… ¿Y lo que has hecho antes en la cocina? Con el pelo y con la copa de vino… No entiendo nada.

    Seguía riéndose, me sujetó empujándome hacia atrás, me quedé tumbada en el sofá y él se colocó encima de mí.

    -Solo estoy jugando un poco ¿no te apetece jugar conmigo?
    -Me apetecería mucho más si supiera a qué jugamos, pero si solo lo sabes tú, así no es divertido.
    -¿Te acuerdas de lo que le dijiste a mi madre? Eso de que unas veces lo quería todo muy rápido y otras era demasiado lento.
    Te advertí, te dije que ibas a arrepentirte de lo que habías dicho, y hoy era el día perfecto para demostrarte lo despacio que voy, así la próxima vez hablarás con razón.

    Me tapé la cara con las manos, riéndome de todo aquello.

    -Llevo toda la tarde pensando que te pasaba algo ¡y lo único que ocurre es que te estás vengando de mí!
    -Eso es lo que pasa cuando me provocas con tus comentarios, y ahora prométeme algo, promete que esta noche jugarás conmigo, y que nos vamos a divertir juntos. Y yo te prometo que haré que merezca la pena, solo déjate llevar.

    Asentí con la cabeza, no podía negarme ante esa propuesta.
    Se incorporó de nuevo:

    -¿Te apetece una copa o una cerveza?
    -Mejor una copa, creo que la voy a necesitar.

    Preparó dos copas y me levanté a por la mía.

    -Quiero bailar ¿bailas conmigo?
    -¿Con esta música? No, gracias.
    -Tú te lo pierdes, no necesito pareja, puedo hacerlo sola.

    Me descalcé y empecé a bailar, dando saltos por todo el salón, él me miraba sentado desde el sofá sin dejar de reírse y por su cara, podía adivinar que le gustaba lo que estaba viendo.
    Cogí mi copa para beber un trago y aún con ella en la mano, me senté sobre sus piernas, frente a él, apoyando las rodillas en las almohadas del sofá.

    -Cuidado, con tanto movimiento vas a tirarme la copa encima.
    Me incliné hacia él provocando que apoyara el cuerpo contra el respaldo:

    -Sé que hoy me vas a hacer sufrir pero no pienso dejar de intentarlo.

    Esta vez no se apartó y dejó que le besara.

    -Ha sido fácil hacer que te rindieras- le dije.

    Se incorporó apoyando sus manos en mis caderas, atrayéndome más hacia su cuerpo. Me quitó la copa que aún estaba sujetando y la dejó en la mesa.
    Me giró hacia un lado de manera repentina, y ahora era él quien estaba sentado sobre mí.
    Besó mi cuello suavemente, sin apenas rozarme y cuando creí que había ganado la batalla, volvió a dejarme allí con ganas de mucho más.

    -Ahora el que quiere bailar soy yo.

    Me tapé la cabeza con una de las almohadas del sofá.
    Empezaba a desesperarme, me gustaba aquel juego pero hacía que lo deseara tanto, que no sabía cuánto tiempo más iba a poder soportarlo.
    Cambió el cd y extendió su mano invitándome a levantarme, fui hacia él simulando desgana pero en cuanto empezó a sonar la canción me sujetó contra él y empezó a moverse casi obligándome a seguir su balanceo.
    Al principio era lento y apenas nos movíamos del sitio pero a medida que la canción avanzaba yo empezaba a perder la paciencia y él la voluntad.
    Recorrió con sus manos todo mi cuerpo, yo coloqué las mías alrededor de su cuello, tocando su pelo con la punta de los dedos, sabía que eso le gustaba e intentaba provocarle de todas las maneras posibles.
    Se acercó rozando mis labios con los suyos sin llegar a besarme y recorrió de la misma manera mi cuello, girando sobre mi cuerpo para colocarse detrás de mí, me besó en la nuca y sus manos se perdían entre mi cintura y mi espalda. Notaba cómo se me erizaba la piel por todo el cuerpo.
    Aquella canción seguía sonando en bucle, no sé cuánto tiempo estuvo haciendo lo mismo, y cuando de pronto él paraba de tocarme, a mi me parecía la muerte pero cuando volvía a empezar, todo lo que sentía se multiplicaba por mil.
    Me di la vuelta, quería verle la cara y quería que él me viese también, totalmente rendida a su juego.

    -¿Vas a hacerme suplicártelo?

    Fijó sus ojos en los míos durante unos segundos:

    -Jamás tendrás que suplicarme por nada, dime lo que quieres y lo tendrás.
    -Bésame- le dije, casi como una orden.

    Notaba como aumentaban mis latidos y él coloco una mano en mi pecho, podía sentirlo también.
    Dibujó la silueta de mis labios con su dedo pulgar, y yo intentaba contener la respiración saboreando ese momento.
    Cerré los ojos y sentí la presión de sus labios contra los míos, intercalando suaves mordiscos, su lengua cálida e inquieta se enredaba con la mía, todos mis sentidos se concentraron en aquel momento y se detuvo el tiempo y todo lo que nos rodeaba pareció difuminarse y desaparecer.
    Solo nos quedaba una cosa por hacer, y no íbamos a retrasarlo más, fuimos a su habitación y aquella cama fue testigo de algo único.
    Aún me temblaban las piernas y sentía que apenas podía respirar, y solo entonces entendí su juego, no quería hacerme sufrir, ni quería hacerme suplicar, simplemente había estado retrasando el momento y provocando en mi el deseo suficiente para que pudiera disfrutar al máximo de algo tan extraordinario como lo que acababa de ocurrir.

    -¿Estás bien?- preguntó- estás temblando.
    -Estoy mejor que bien, solo necesito coger aire y refrescarme un poco, me muero de calor, lo de recogerme el pelo fue buena idea.
    -Ya te dije que los planes de esta noche incluían ducha, ¿vamos?
    -¿Juntos? Yo ahora mismo no sé si puedo…
    -Solo una ducha, prometido- dijo entre risas.

    Me llevó de la mano hasta el baño, abrió el grifo y nos metimos juntos bajo el agua.
    Jugamos, nos reimos y nos besamos pero esta vez no pasó nada más, por mucho que me apeteciese, si tenía que repetir lo de antes tan seguido y allí en la ducha, iba a desfallecer.
    Después de unos minutos empezaba a sentir algo de frío, y él salió a por una toalla.

    -Ven aquí, no quiero que por mi culpa termines poniéndote mala con tanto cambio de temperatura.

    Me cubrió con la toalla y me abrazó frotando mi espalda para hacerme entrar en calor.

    -¿Mejor así?
    -Mucho mejor- respondí.
    -Cuando termines vístete y ven a la cocina, creo que tengo algo que te gustará, aunque por mí, puedes quedarte solo con la toalla- salió del baño haciéndome un guiño.

    Me quedé allí desenredándome el pelo y recogiéndolo de nuevo en un moño mientras él salió a ponerse algo de ropa.
    Decidí vestirme y cuando entré en la cocina prácticamente había vaciado unos de los armarios.

    -Esto es todo lo que he encontrado que lleva chocolate ¿nos lo llevamos al salón y ponemos una peli? Tenemos que recuperar energías, que el fin de semana aun no ha terminado.
    -Empiezo a pensar que no eres de este mundo.

    Me di cuenta al entrar en el salón de que aquella canción seguía sonando y sonreí.

    -Creo que ya podemos añadirla a ese cd que te he grabado.
    -Definitivamente debería estar la primera en la lista de reproducción.

    Puso un dvd y nos sentamos en el sofá, no presté demasiada atención a la película, prefería estar allí, acurrucada entre sus brazos y soñando despierta mientras recordaba todo lo que había pasado unas horas antes.
    Estaba siendo un fin de semana perfecto y tenía razón, aun no había terminado.

    Respuesta
    Moetsi
    Participante
    Moetsi on #145196

    Hasta el lunes como mínimo no habrá más capítulos, así que hice este un poco más largo para compensar 😉 Espero que os guste!
    Instagram: moetsirelatos

    Respuesta
    Emecé
    Participante
    Emecé on #145198

    Por favor, plasma todas tus ideas en un libro… Puedes llegar muuuuy lejos si te lo propones!

    Respuesta
    Nesi89
    Nesi89 on #145199

    ???????? así me tiene el vecino! Estoy deseando leer el siguiente ya; da igual que sea mas largo, se hacen cortos con semejante historia! Pense que nunca diría esto, pero estoy deseando que llegue el lunes y ver si hay capítulo nuevo!! ????????????????????????

    Respuesta
    Brujilla
    Brujilla on #145210

    Madre mía con el vecino!!!!
    Te dejamos tranquila hasta el lunes pero por favor no dejes de escribir nunca,es una pasada como has hecho que me enganche a tu historia yo que soy de las que no lee nunca ????
    En serio,cada capítulo es mejor que el anterior
    Haces que parezca que somos nosotras las que lo estamos viviendo así que una vez más ENHORABUENA!

    Respuesta
    Alma
    Alma on #145228

    Enganchada me tiene el vecino!! Que bien que sigas escribiendo más capítulo!! Eres sublime!! ????????

    Respuesta
    Beletta
    Beletta on #145229

    Me tienes enganchadisima!Deseando leer mas y mas capitulos!

    Respuesta
    Emp
    Emp on #145234

    De verdad que te superas con cada capítulo! Enhorabuena

    Respuesta
    Ainhoa2
    Ainhoa2 on #145243

    Sigue así, no me canso de decirte que cada capítulo es mejor que el anterior, gracias por compartirlo con nosotras ????????

    Respuesta
    Sct
    Sct on #145254

    Me encanta tu relato.. cada vez quiero más…me encanta como eres capaz de trasportarme hasta esa casa.. ese salon..y hasta sentir cada cosa q le ocurre a tus protagonistas…

    Respuesta
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Respuesta a: El Vecino: capítulo 11
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