El Vecino: capítulo 6

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  • Moetsi
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    Moetsi on #142839

    El lunes a mediodía me recogió como siempre y no me había dado tiempo ni a acomodarme en el asiento del coche cuando empezó a hablar:

    -Quiero hablarte de ella.
    -De verdad, es que no tienes que hacerlo. Si hasta ahora no lo has hecho alguna razón tendrás, y sinceramente, no sé si quiero saberlo.
    -La única razón es que para mí ella no es importante y me fastidia que mi hermana ayer insinuara lo contrario.
    Nos conocemos desde pequeños, sus padres tienen una casa en el pueblo y siempre hemos estado en el mismo grupo de amigos, conoce a toda mi familia, estamos en la misma peña… y si, salimos juntos, pero eso se acabó.
    Cuando ella empezó a estudiar la carrera se vino a vivir a la ciudad y realmente fue ahí cuando empezamos a acercarnos más. Durante unos años estuvimos saliendo pero al final no funcionó. Cuando terminó de estudiar encontró trabajo en una buena empresa y empezó a relacionarse con gente que tenía un nivel de vida muy superior al mio y se dejó cegar por una vida llena de lujos y caprichos, su objetivo era comprar un coche de alta gama, llevar un reloj de marca, asistir a todas las fiestas, comidas y cenas elegantes en restaurantes caros,…
    Algunas veces la acompañé pero me sentía fuera de lugar, aquello no era para mi, yo llevo una vida sencilla y mucho más tranquila así que discutíamos mucho, la última vez dijo que yo me conformaba con lo mínimo, que no tenia aspiraciones. Pero no era cuestión de ser poco ambicioso, a mi aquella vida no me hacia feliz, no podía dedicarme exclusivamente a darle todo lo que quisiera solo para tenerla contenta, porque lo nuestro no se trataba solo de ella, y es algo que nunca entendió. Así que se terminó.
    Supe por mi madre que unos meses después de aquello su empresa había tenido problemas y despidieron a media plantilla, se quedó sin trabajo, y sin vida lujosa.
    Volvió al pueblo con sus padres y poco después me llamó para hablar conmigo, quedamos en vernos pero después de un rato hablando con ella, me di cuenta de que seguía siendo la misma, y perdí el poco interés que me quedaba.
    Ese día fue la primera vez que te llevé a casa.

    Sonreí pero no dije ni una sola palabra, en realidad no sabía qué decir y dejé que él continuase.

    -Coincidimos alguna vez en el pueblo, pero siempre con más gente, así que no hablábamos mucho y unos meses después apareció en mi casa una tarde.
    Estaban mis hermanas y mi madre, todo quedó en una visita formal aunque me propuso quedar algún día con ella.
    Me llamó un jueves diciéndome que pasaría el fin de semana aquí y quería verme.
    Y yo no creo mucho en las casualidades , pero al dia siguiente tu y yo nos besamos y tuve claro que no quería verla más.
    Esa misma tarde la llamé, se lo dije y desde entonces no he vuelto a verla ni a hablar con ella.
    No sé cómo ni por qué, pero de alguna manera tu apareciste en mi camino no una vez, si no dos, cuando ella estaba cerca, y lo tomé como una señal.

    Hubo un momento de silencio, faltaba poco para llegar a casa y me preguntó:

    -¿No vas a decir nada?
    -No lo sé, no sé qué esperas que diga…
    No tenías porque contarme todo esto, pero me alegra que lo hayas hecho.
    Aunque antes dijiste que ella no es importante para ti y creo que en eso te equivocas, has compartido años de tu vida con ella, y eso no es algo que desaparece fácilmente.
    Sigue formando parte de tu vida lo quieras o no, solo espero que no hayas interpretado mal esas señales de las que hablas, no quiero ser la única razón por la que has decidido dejar de verla.
    -Te aseguro que no es así. Tu apareciste en mi vida, pero no eres la única razón, aunque sí la más importante.
    Nada de lo que ella pueda ofrecerme me interesa ya, no es la persona con la que quiero estar.

    Me sentí un tanto aliviada, pero también sabía que él intentaba quitarle importancia a algo que realmente la tenía.
    Mientras subimos en el ascensor me contó que había estado hablando con su hermana sobre las fiestas del pueblo, y que ella seguía insistiendo en que yo debería ir.

    -Me dijo que hoy bajaría a hablar contigo, espero que aceptes venir, a ella le apetece mucho pero no es la única que quiere verte allí.
    -Lo pensaré.

    Esa noche su hermana vino a buscarme y estuvimos hablando sobre ese fin de semana en el pueblo.

    -Mi jefe me debe un par de días, supongo que puedo pedirme el fin de semana libre, hablo con mis compañeras y si podemos cuadrar los turnos para que yo me vaya, lo organizo todo ¿vale?
    -¡Si! ¡Verás que bien lo vamos a pasar! El pueblo es muy pequeño pero en fiestas se llena de gente que viene de otros pueblos cercanos y hay buen ambiente. Normalmente llevan una orquesta y por la noche hay verbena, aunque nosotros solemos estar la mayor parte del tiempo en la peña, somos un grupo grande y además organizamos algunas cosillas divertidas para entretenernos. El año pasado hicimos una búsqueda del tesoro, puede que suene infantil pero de verdad que nos reímos muchísimo, imagínate a mas de 50 personas corriendo por el pueblo, entrando en las casas de la gente y buscando como locos el tesoro, que al final resultó ser ¡una pata de jamón de plástico! ¡Nos lo vamos a pasar genial!

    Estaba tan emocionada que al final terminó contagiándome y tenía muchas ganas de que llegase ese fin de semana.
    Organicé los turnos con mis compañeras y me pedí esos días libres.
    Él había pedido de descanso toda la semana previa a las fiestas para organizar compras y preparar los uniformes de la peña con sus primos.
    Pero aunque estaba de vacaciones, no dejó de venir a buscarme a la salida del trabajo ni un solo día.
    El jueves por la tarde subí a su casa para acordar la hora a la que saldríamos el viernes. Nos iríamos después de comer, la fiesta grande comenzaba el sábado pero su madre tenía que preparar algunas cosas y así nosotros podíamos aprovechar la noche del viernes para salir un rato por allí.
    Se me hacía un poco extraño viajar con toda su familia, aunque en teoría yo estaba allí por su hermana, pero en el fondo también había aceptado la invitación por él.
    Nada más llegar descargamos las bolsas del coche y su hermana me enseñó la casa, tenía dos plantas y era pequeñita pero muy acogedora. Me llevó a la habitación donde yo iba a instalarme, pensé que dormiría con ella, pero me dejaron la habitación de su hermana mayor, que aunque estaba en el pueblo, siempre se quedaba en casa del novio durante las fiestas.
    Tenía una habitación solo para mi, y en la misma planta en la que dormía él.
    Por unos segundos soñé despierta con las cosas que podrían ocurrir allí, pero no sabía qué podía esperar de ese fin de semana, así que decidí no pensarlo más y simplemente disfrutar.
    Una vez instalados bajamos a la cocina a ayudar a su madre, todas sus hermanas estaban allí y observé que aunque no era el mayor, todas se dirigían a él con mucho respeto y admiración. Era el punto de unión entre todas ellas, las hablaba con mucho cariño pero con ese puntito de autoridad como si fuera el padre de la familia. Y aunque mis sentimientos no eran los de una hermana, percibía lo mismo que ellas, me sentía protegida y segura cuando estaba cerca de él.
    Un ratito después salimos a dar una vuelta por el pueblo, me presentaron a algunos amigos y familiares y fuimos a tomar algo al bar.
    Me presentaban a todo el mundo como amiga de su hermana y es con ella con quien pasé la mayor parte de esa tarde, pero él siempre estuvo cerca de nosotras.
    Tampoco era nada extraño, con su hermana, aunque era la pequeña, tenía un vínculo especial y siempre estaban juntos.
    Cenamos en su casa, su madre había preparado un montón de cosas, y algunos de sus primos, a los que yo ya conocía de aquella vez en el centro comercial, también estaban con nosotros.
    Cuando terminamos la cena, ellos se fueron enseguida, iba a abrir la peña y a prepararlo todo para esa noche. Yo me quedé en casa con sus hermanas y su madre recogiendo la cocina y en un momento que se cruzó conmigo según salía me dijo:

    -Me tengo que ir ahora, pero no pienso perderte de vista esta noche, no tardeis mucho.

    Me quedé embobada mirando cómo salía por la puerta, estaba tan guapo…
    No tenía nada de especial, llevaba unos vaqueros y la sudadera de la peña ¡pero el azul le sentaba tan bien! Y su perfume… me volvía loca, podría pasarme horas respirando el aroma que desprendía.
    Su hermana me sacó de aquel momento con un grito:

    -¡Vamos! ¿Qué haces ahí parada en mitad de la cocina? Terminamos de recoger la mesa y nos vamos a cambiar ¡que empieza la fiesta!

    Su hermana me prestó una sudadera de la peña, todos me trataban como a una más de la familia y cada vez me sentía más cómoda estando allí.
    Cuando llegamos a la peña me sorprendí mucho con todo lo que habían montado.
    Era un local enorme y estaba muy bien preparado.
    La entrada era una especie de patio decorado con un montón de árboles y plantas y unos bancos de madera. Había un pequeño rincón con armarios a modo de ropero para dejar los abrigos y pasando el arco de entrada tenían varios sillones formando un semicírculo.
    Al fondo había una barra enorme como la de una discoteca, la puerta de los baños y el resto del local era una pista de baile gigante llena de luces.
    Ya había bastante gente cuando nosotras llegamos, a muchos los había conocido esa tarde y empezamos a saludar a todos los que nos encontrábamos.
    Me ofrecieron tomar algo y fuimos hacia la barra.

    -Creo que a uno de los camareros ya lo conoces – dijo uno de los primos – así que ven que te presento al resto.

    Hacían turnos en la barra de 4 personas para que estuviese atendida toda la noche.
    Él estaba allí, en una esquina de la barra, había una chica a su lado, hablaban y ella reía a carcajadas mientras colocaban unas botellas.
    Me fijé en aquella chica durante unos segundos, era espectacular.
    Tenía la cara de una muñeca, el pelo larguísimo, y un cuerpo increíble lleno de curvas perfectas, se movía como a cámara lenta y todo lo que desprendía era sensualidad.
    En ese momento me sentí pequeñita, ni siquiera había llegado a acercarme a ella y ya me intimidaba.
    Su hermana llegó justo en ese momento y agarrándome del brazo me dijo:

    -Ven, que vas a conocer a alguien de quien ya has oído hablar, a ver si me das la razón o no.

    Noté cómo se me revolvía algo por dentro, y en ese momento me dí cuenta, esa chica con cara de muñeca era la estirada.
    Al vernos llegar salió de la barra para saludar a su hermana de manera muy efusiva, caminaba como una modelo de pasarela, con la cabeza alta y contoneando las caderas. Sabía quién era aquella chica y aun así estaba como hipnotizada por ella, no podía dejar de mirarla y cuanto más la miraba, más insignificante me sentía.
    Su hermana nos presentó a su manera, le gustaba mucho hacer rabiar a su hermano y después de lo que dijo, descubrí que le gustaba más aun provocarla a ella:
    -Ésta es nuestra vecina, bueno y amiga mía, y de mi hermano ¿no te ha hablado de ella? Pasamos mucho tiempo juntos, por eso nos la hemos traído al pueblo ¡ya no podemos vivir sin ella! Ya la conocerás más estos días, es un encanto.

    Yo hice intención de darle dos besos, pero ella extendió la mano tocándome apenas con la punta de los dedos mientras me ponía una de esas sonrisas falsas que todos tenemos cuando nos presentan a alguien que por alguna razón no nos gusta.
    Aquello me pareció ridículo y me eché a reir pensando que no se podía ser más tonta, al menos yo había intentado ser natural y un poquito más educada que ella.
    Miré hacia donde él estaba, y le vi sonreírme mientras me guiñaba el ojo.

    -Bueno guapa ¿nos pones algo de beber? Que estamos secas.

    A su hermana se le notaba mucho que aquella chica no le caía bien, y no le preocupaba en absoluto demostrarlo.

    -Es una estúpida, sigo sin entender qué hacía mi hermano con ella. Bueno ¿qué opinas ahora que la has visto?
    -Pues que tenías razón, es una estirada. Pero también es guapísima, entiendo perfectamente qué es lo que tu hermano puede ver en ella y no creo que sea casualidad que él haya elegido el primer turno para estar en la barra, las vistas son buenas.
    -¡Oh! no es casualidad, pero tampoco ha sido mi hermano el que ha elegido, los turnos este año los organizaba ella, ha sido muy lista.

    Al menos me consolaba saber que él no estaba allí por elección propia.

    Entró en la barra y nos pregunto qué queríamos tomar, pero él se acercó y le dijo:

    -No, estas dos chicas son solo mías, esta noche las atiendo yo.

    Su mirada era fulminante, y se apartó de allí dedicándonos su preciosa sonrisa falsa.
    Tomamos unos chupitos con él y nos sirvió unas copas.

    -¿Qué turno me habeis puesto a mí en la barra? – Le pregunté a su hermana.
    -¡Ninguno! Hoy aquí eres la invitada, no vamos a ponerte a trabajar.
    -No me importa hacerlo, además trabajé un par de veranos como camarera en el bar de mi tía, no es que sea una experta poniendo copas pero me defiendo.
    -Entra en mi turno si quieres, es el más tranquilo y aprovechamos a reponer y colocar todas bebidas, puedes ayudarme si te apetece – dijo él.
    -Genial, pues dime qué tengo que hacer.

    Entré en la barra y me estuvo explicando un poco cómo estaba todo colocado, la estirada no dejaba de mirarnos continuamente y aprovechaba cualquier momento para acercarse a él y tontear.

    -Vaya, no te quejarás. La supervisora de los turnos está muy atenta por si necesitas algo.
    -Ya sabes quién es ¿verdad? He visto que mi hermana te la ha presentado.
    -Si, y creo que no le he gustado mucho.
    -A ella no le gusta nadie, en este pueblo todos le parecemos poca cosa.
    -¡Oh, si! Hay alguien aquí que si le gusta y a judgar por cómo nos mira, es evidente que no soy yo.

    Justo en ese momento se acercó a él:

    -Hay que meter hielos ¿me acompañas a buscarlos?
    -No, déjalo, ya voy yo, ella me acompaña y así le enseño donde están las cámaras.

    Vi cómo mientras hablaba con ella ni siquiera la miraba a la cara, no dejaba de mirarme a mi, como queriendo demostrarme que no la prestaba atención.
    Detrás de la barra había una puerta pequeñita que daba a una especie de despensa.

    -Tenía muchas ganas de enseñarte este cuarto.
    -¡Vaya! Gracias por traerme, es lo más bonito de todo el local – dije con ironía.

    Aquello no era más que un cuartucho con un montón de cámaras enchufadas.
    Se dio la vuelta y cerró con los dos brazos, dejándome atrapada entre la puerta y su cuerpo.

    -No es el sitio más bonito, pero es el único donde puedo hacer esto.

    Me besó, nos besamos con muchas ganas. No dejábamos de tocarnos, acariciaba mi pelo bajando su mano por la espalda y yo me estremecía al contacto con sus manos.

    Estuvimos allí un buen rato, si por mi fuera, no hubiese salido de allí en toda la noche, pero teníamos que volver, así que me recompuse como pude, cogimos los hielos y salimos de nuevo a la barra.
    Tenía el pelo alborotado y notaba la respiración agitada aun por aquellos besos.

    -Habeis tardado un poco ¿no? – allí estaba la estirada, esperándonos en la puerta.
    -Si, perdona, ha sido culpa mia – le dije – tengo pánico a las arañas, y cuando hemos entrado creí que me había caído una en el pelo.
    -Chica de ciudad… no aguantais nada.
    -¿Piensas atender la barra o vas a estar toda la noche mirando como trabajamos los demás? – contestó él.

    !Ja! Vecina 1- estirada 0. Tenía la sensación de estar compitiendo con ella, y al menos por esta vez, yo iba ganando.

    Durante el resto del turno apenas pudimos hablar, empezó a llegar un montón de gente y entre chupitos y copas se me pasaron las 2 horas volando.
    Cuando terminamos nos reunimos con sus hermanas y algunos amigos más.
    Su hermana no tenía turno de barra hasta el sábado así que pasamos el resto de la noche juntas, bailamos, reimos, bebimos y nos fuimos a visitar otras peñas.
    En algún momento cuando estábamos en la última peña que visitamos, a él le perdí la pista.
    Habíamos tenido ratitos entre nosotros para hablar, para intercambiar algunas miradas, incluso algún roce bailando pero cuando nos marchábamos ya para nuestra peña me di cuenta de que no estaba allí.

    Respuesta
    Científica empedernida on #142849

    Por favor, esta historia me encaaaaanta! Esta basada en la realidad? Porque te aseguro que más de una estamos a punto de enamorarnos del vecino….jajaja

    Respuesta
    Lux
    Lux on #142850

    Que alegría entrar y encontrarme el nuevo capítulo!!!!deseando que llegue el siguiente ????????????

    Respuesta
    Eli
    Eli on #142851

    En serio nos dejas así?? Tienes un talento para escribir en serio, pero no nos dejes así, pon pronto el 7 por fissss!!

    Respuesta
    Pilar
    Pilar on #142855

    Lo primero q he hecho al levantarme ha sido mirar si habías colgado el capítulo 6! Yo quiero un vecino así!
    Habrá q esperar a mañana para el siguiente. Me encanta que nos dejes con esta intriga.

    Respuesta
    MPR
    MPR on #142857

    Es genial, pero me molaría que el trabajara más en casa, no solo las chicas. Pero igual eso hace más real la historia. Porfa sigue.

    Respuesta
    ladychic
    ladychic on #142859

    oohh y nos dejas con esta intriga, que malévola jajajaja
    queremoss más vecinito!!!

    Respuesta
    MM
    MM on #142863

    No puedo parar de leer…

    Estoy demasiado enganchada. Tienes que escribir un libro. De verdad que tienes talento! 😀

    Respuesta
    Helen
    Helen on #142877

    ???? cuánto hay que esperar para continuar esra historia?? Madre mía…qué intriga¡¡
    Es un relato genial¡¡

    Respuesta
    Sther
    Sther on #142904

    Wooow super enganchada al vecinito!!! Deseando abrir cada mañana para encontrar un nuevo capítulo. Chica te sales con esta historia! Menudo talento

    Respuesta
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Respuesta a: El Vecino: capítulo 6
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