De niña creía que las/los amantes eran personas malas, inconscientes, vamos lo típico, ROMPE HOGARES. Ahora, con casi 36 años y siendo la otra de un señor casado me doy cuenta de lo fácil que es prejuzgar a las personas.
Nos conocíamos de cruzarnos en los pasillos de la Universidad donde trabajo y él estudiaba. Con la pandemia llegó el teletrabajo y la atención virtual de los alumnos. Él había rendido su última materia y andaba a los tumbos por todos los canales de comunicación buscando alguien que le diera respuestas para obtener el diploma. Sin darme cuenta terminamos intercambiando mails a cualquier hora del día y hablando por Whatsapp hasta altas horas de la noche. Compartíamos nuestro día, las preocupaciones por nuestros hijos y el encierro. Fue el apoyo emocional en esos días en que quería llorar por el cansancio de largas jornadas en que mí marido no estaba y al llegar no registraba mí existencia.
Charlas subidas de tono, intercambio de fotos y videos, me devolvieron la libido que creía pérdida. Me sentí la mujer más sexy del mundo con los 150 Kg que pesaba a principios del 2021.
Coordinamos una cita a tomar café, que no tomamos jejeje. La tensión sexual y la atracción fue tan grande que fuimos a un hotel. Ese fue el primero de muchos encuentros. Llegamos a tener un día fijo de la semana en que nos encontrábamos en un estacionamiento. Hasta que mi marido se enteró por un mensaje que vio mi hija. Fue horrible, no hubo peleas, se fue de la casa y se llevó la niña de 12 años.
Con el señor terminaron los encuentros. Él por cobarde yo porque necesitaba ordenarme.
Volví a trabajar y nos encontramos en la universidad, yo con 25kg menos y unas ganas de salir de fiesta infernales, él con otras amantes. Trazamos condiciones nuevas y retomamos los encuentros.
Este año se descontroló todo. La intimidad y complicidad que compartimos es tan grande que sin proponerlo ni planearlo ambos fuimos dejando esos rollitos que teníamos eventualmente para ser casi exclusivos ( casi porque hay una esposa que lo espera en casa todas las noches). Y ahí es donde la cagamos con mayúsculas. Cruzamos la línea y tenemos un noviazgo con exceso de papeles.
Se rompe algo en casa, trae las herramientas. PAsa a desayunar antes de trabajar (vivo muy cerca de su trabajo) o merendar en las tardes. Visitas a mi oficina. Transferencias bancarias cuando surge un gasto extra que no puedo afrontar. Hasta conoció a parte de mi familia.
Me pesa y frustra muchísimo la situación. Es tan difícil encontrar alguien con quién llevarse tan bien, nos cuidamos y queremos muchísimo, pero no va a dejar a su esposa. Y yo quiero más.
Entonces hoy me encuentro en que quiero dejarlo y no puedo. Hago terapia psicológica una vez por semana y este tema es recurrente. Sé que debo cortar la relación pero no encuentro la voluntad para dejar de contestarle los mensajes y de abrirle la puerta cuando viene a casa.
No necesito consejos, soy consciente que muchas van a ser crueles y un poco lo merezco. Solo necesitaba desahogarme después de su visita.
