A ver, os pongo en antecedentes brevemente, que la historia es muy típica -pero telenovelesca como ella sola- y no me quiero enrollar demasiado. Estuve con un chico (llamémosle Eduardo) durante casi cuatro años, mi primer novio, mi primer amor, mi primera relación seria, aunque de éso tenía poco por nuestras constantes idas y venidas. Yo estaba súuuuper pillada, él me quería, pero no estábamos al mismo nivel. Cuando ya parecía que la cosa se había encauzado bastante, se fue lejos de mi ciudad a buscarse la vida (como a unos mil kilómetros de distancia) y, aunque no lo llevábamos mal al principio y teníamos planes de futuro, yo cada vez me sentía más desplazada. No era una prioridad en su vida y cada vez se notaba más. Después de aguantar mucho, terminé dejándole y me centré en hacer mi vida. Durante ese tiempo apenas tuvimos contacto, lo típico de «hola, ¿cómo estás?» y felicitaciones en los cumpleaños. Hasta que en mayo de este año me escribe y me dice que viene de vacaciones a mi ciudad durante unos días y que le encantaría verme. Voy a la quedada, lo pasamos súper bien y me pide disculpas por lo poco pendiente que estuvo de mí en la relación y por todas las dudas que tuvo mientras yo apostaba por él. Al parecer, había sufrido una depresión y yo desde la distancia me olía algo, pero lógicamente no podía saberlo a ciencia cierta con lo poco que se comunicaba conmigo. Le dije que estaba perdonado ya después de tanto tiempo y seguimos quedando varios días más. En ese momento yo estaba en una relación muy tóxica que terminé al estar con él y darme cuenta de mis verdaderos sentimientos; a pesar de todo, le seguía queriendo. Sin saber muy bien qué sería de nosotros en los próximos meses, volvimos a intentarlo en la distancia y nos reunimos de nuevo en vacaciones. Todo parecía ir como la seda, hasta que con el transcurrir de los meses se torcieron las cosas. Otra vez vuelta a la escasa comunicación. Yo sabía que tenía turnos de trabajo intensivos y que hacía lo posible por hablar conmigo, pero estando tan lejos el uno del otro era un rollo hablarnos cada dos días o cosa así. El caso es que mi ex (el de la relación tóxica, llamémosle Sergio) hizo una de sus apariciones estelares este verano y me dejó bastante tocada Me di cuenta de que aún no había superado todo lo que me había hecho pasar y, aún con todo el dolor de mi alma, le dije a Eduardo que teníamos que darnos un tiempo, durante el cual me dediqué a ir a terapia y a superarlo todo poquito a poco. Tras este periodo de incomunicación, volví a ponerme en contacto con él, esperanzada de que retomaríamos la relación y esta vez las cosas sí irían bien. Pero ay, ilusa de mí. Eduardo me seguía queriendo, y esta vez de verdad tal y como me había demostrado. Pero estaba muy dolido; se había hecho muchas ilusiones conmigo y al dejarlo temporalmente lo pasó muy mal. Así que esta vez fue él el que me pidió tiempo para ir confiando de nuevo. El problema es que se tomó demasiado, pero demasiado tiempo. No me hablaba, estaba completamente ausente, y yo mientras esperaba un mensaje, un «me gusta», qué sé yo. Pero le respeté.
EL CASO.
El caso es que tras ese periodo de espera en el que Eduardo supuestamente tenía que poner en orden sus papeles y volver a confiar en mí, me pidió abiertamente que lo dejara todo y me fuera con él a mil kilómetros. Que yo podría seguir estudiando mi doctorado allí mientras él trabajaba, y Santas Pascuas. Pero a mí me pareció un ultimátum, una petición poco empática con mi situación académica y personal, ¿por qué tenía yo que dejarlo todo? Pero éso no es todo. Mientras yo esperaba a que se volviera a comunicar conmigo, os juro, OS JURO que sin pretenderlo de ninguna manera, uno de sus amigos (llamémosle Antonio) y yo empezamos a intimar cada vez más. Descubríamos que teníamos muchísimas cosas en común, hablábamos prácticamente todo el día por WhatsApp, salíamos por la noche, cocinábamos juntos, y claro… El roce hace el cariño y nos acabamos confesando mutuamente que nos gustábamos. Antonio tampoco estaba en su mejor momento personal (OH VAYA QUÉ NOVEDAD), hacía pocos meses que lo había dejado con su ex y aún estaba tocado emocionalmente. Pero la química que teníamos cada vez iba más en aumento, tanto, tanto, que se podía palpar. Eduardo y yo ya no hablábamos a pesar de que le había pedido varias veces que hiciéramos un mísero Skype. Siendo consciente de que estaba mal liarme con Arturo, pero consciente de que nos gustábamos muchísimo y de que las cosas eran muy fáciles entre nosotros, me lié con él, seguimos quedando y nos acostamos un par de veces. Y fue maravilloso, estuvimos muy a gusto y compartimos muy buenos momentos. Pero yo sabía que no estaba bien liarme con el amigo de Eduardo, a pesar de que nosotros no estuviéramos juntos, porque nuestra historia aún estaba sin concluir del todo.
A LO QUE VOY.
Esta mañana me ha escrito Eduardo. Que hace mucho que no le hablo, y que ahora sí que quiere arreglar las cosas y que hagamos un Skype a la de ya. Yo no le he comentado nada de lo de Antonio, pero le he dicho que ahora no puede venir a presionarme, que no se hacen así las cosas. He hablado con Antonio y los dos tenemos claro que ahora mismo no estamos para una relación seria, pero que nos gustamos muchísimo y tal vez nos gustaría seguir como estábamos, a ver hacia dónde iría la cosa. O, al menos, para disfrutar del momento. Pero claro… si hago éso, puede que pierda a Eduardo, y esta vez puede que definitivamente. Que también está la opción de mandarlo todo a tomar por saco y ya está. Ay, no sé.
Así que amigos, amigas, ¿qué hago? Si no sabéis qué decirme (que lo entiendo), por lo menos me he desahogado un rato. Así que muchísimas gracias por leerme si habéis llegado hasta aquí.