La mujer de uno de mis mejores amigos está embarazada. Desde que nos lo contaron hace ya un par de meses estamos felices por ellos y por la llegada de Arturo, su peque. Todo bien al menos hasta que tanto mi colega como ella, se han convertido en dos insoportables de manual.
Ellos que siempre han sido la mar de divertidos y naturales, ahora se comportan como si ese bebé que ella lleva en su tripa fuese el salvador redentor del mundo. De veras, quedar con ellos o incluso llamarlos por teléfono es terrible, solo les falta un puto cartel en la frente que diga ‘Ey! Be careful! Estamos embarazados’ con neones fluorescentes.
Lo vimos claro desde el día que estábamos de tapeo y llegó un camarero y nos informó de que solo quedaba una ración de tarta de queso y él ni corto ni perezoso soltó ‘pues para mi churri que está embarazada’. Vale, todo ok, tu churri se merece el último trozo de pastel. Pero es que unos minutos después tuve que comerme una bronca muy gratuita cuando llegamos a una tetería y al sentarnos no la dejé a ella elegir primero dónde quería sentarse. Osea, what colega?! Pensé que estaba de puta broma pero no no no… Aquello fue real, la encinta decide primero, aunque haya sitios de sobra para todos.
Y realmente todas estas memeces deberían sudármela mucho, pero es que estoy hasta el papo de escucharlos contarme cómo tiene ella su puñetero flujo vaginal o cómo le han cambiado de color los pezones. Pero muchacha, si yo no he preguntado, que tengo cero interés, deja de prodigar tu embarazo como si fueras la primera embarazada de la Tierra!
Todavía nos faltan mas de dos meses y mi colega me acaba de emviar un mensaje que, cito textualmente, pregunta ‘cómo van los preparativos de la Baby Shower de Marina’. Ya os informo de que en mis planes no está organizar nada, en todo caso ir de invitada y soportar un poco más la oda al embarazo del siglo.
Y ya os digo, no, no soy mala amiga, pero me tienen hasta el papo y más allá…