Pero la vida cambia de un segundo al siguiente. Lo mismo para bien, que para mal, no te puedes fiar de ella, ni de su monotonía. No valores tu vida o su sentido por el baremo que ponen los demás. Valórala por ti misma. Por tus objetivos, por lo que te gustaría hacer, por lo que te gustaría alcanzar. Busca objetivos reales y alcanzables que te hagan orientarte a algo por lo que merezca la pena vivir y que te aporten felicidad. Ésa es tu vida, la de verdad, y puede ser maravillosa incluso aunque no estés independizada, aunque vivas con tu madre y tu hermana, y aunque no tengas pareja ni hijos. Todo depende de qué es lo que realmente te hace feliz.
A mí no me hace feliz una pareja, ni mi propia familia. Me hace feliz quererme, aprender, viajar, tener un círculo de amigos con los que me puedo reír hasta llorar, o llorar hasta reír, rodearme de gente que me aporta cosas buenas, que me enriquecen y que hacen de mi vida algo por lo que vale la pena luchar cada día. Si entre esas personas hay una pareja, pues mira, muchísimo mejor, porque en buena compañía todo es más bonita. Pero si no, ése no es mi objetivo vital. Mi objetivo vital es intentar ser feliz, y la felicidad no depende de otros. Depende exclusivamente de ti.
Si crees que lo necesitas, busca ayuda. Creo que el autoconocimiento es algo muy necesario para ser felices. Y un psicólogo nos ayuda mucho a reflexionar sobre nosotras mismas, lo que queremos, lo que no y hacia dónde queremos ir.