El pasado viernes me llamaron del instituto donde estudia mi hija mayor para concertar una reunión conmigo. Me explicaron que no querían hablar por teléfono sobre el asunto de dicha reunión porque se trataba de un tema delicado que era mejor comentar en persona. Me quedé preocupada preguntándome de qué querrían hablar y cuando mi hija volvió de sus extraescolares le pregunté si sabía la razón por la cual querían reunirse conmigo, la jefa de estudios y la orientadora del instituto. Ella, muy tranquila, contestó que no lo sabía, pero que seguramente querrían hablar de la orientación académica para el siguiente curso, ya que está en cuarto de la ESO y el año que viene va a cursar primero de bachillerato.
Al llegar mi marido a casa le comenté que me habían llamado del colegio de la niña y él pareció no preocuparse demasiado. Carla (nombre cambiado) es una adolescente responsable, estudiosa, no sale mucho de casa, es tímida y reservada y nunca nos ha dado ningún problema. Nosotros estamos muy orgullosos de ella.
Cuando llegué al centro, no estaba nerviosa, pero la forma en la que parecían afrontar dicha entrevista, me hizo preocupar un poco más. Tanto la jefa de estudios como la orientadora, me dijeron que no sabían por dónde empezar. Hay una niña de la clase de Carla que sufre acoso por parte de algunos compañeros, y han decidido investigar para poder saber quiénes son porque ella, por miedo, no quería delatarlos. Después de hablar con muchos estudiantes y compañeros de la menor, consiguieron mucha información. Me dijeron que jamás hubieran pensado que Carla sería la cabecilla de este acoso, puesto que es una estudiante ejemplar en todos los sentidos.
Yo empecé a temblar, les dije que debía ser un error, que los compañeros la habrían cogido como cabeza de turco, pero que era imposible que ella hubiera hecho nada a su compañera de la que jamás había hablado mal. Las pruebas eran claras y además, Carla lo había reconocido esa misma mañana cuando habían hablado con ella. Ella incitó a otros compañeros a acosarla, la humillaban a través de las redes sociales, se burlaban de ella y a causa de esto su compañera estaba en depresión.
Me empecé a marear y pensé que iba a desmayarme ahí mismo. Mi marido no había podido acudir a la reunión porque estaba trabajando y me vi sola en esa situación que me venía tan grande. ¿Quién era en realidad mi hija? ¿Por qué hacía todo aquello? Enseguida les dije que debían ponerle la sanción que fuera necesaria, que esperaba que no la expulsaran definitivamente del instituto, pero que íbamos a aceptar cualquier tipo de castigo disciplinar que le impusieran. Ellas mismas me dijeron que estaban tan sorprendidas como yo, pero que los adolescentes son así, que a veces no sabemos qué pasa por su mente y que nos pueden sorprender más de lo que nunca habríamos imaginado.
Al llegar a casa, confronté a Carla. Me lo confesó todo. Le pregunté muchas veces que por qué lo había hecho, pero solo era capaz de decirme que no lo sabía, que su compañera ni tan solo le caía mal. Reflexionando, pensé que a lo mejor había crecido buscando la perfección, que todo aquello fue a causa de una rivalidad, su compañera sacaba tan buenas notas como ella, y creo que en su interior, sus celos la hicieron actuar con maldad.
Al día siguiente, nos presentamos en casa de la niña y Carla le pidió perdón entre lágrimas. La compañera le dijo que la perdonaba y sus padres, a pesar de mirarnos con recelo, se tomaron un café con nosotros para hablar de todo lo ocurrido.
Hemos decidido que Carla visite a un psicólogo, ella parece estar bien, pero nosotros no lo superamos. Lo que le hizo a su compañera no me parece una chiquillada, ni me parece que deba quedarse como un acto movido por la envidia sin más. Quiero que le enseñen a mi hija que bajo ningún concepto debe cometer actos perjudiciales a otras personas y menos si esa persona nunca jamás se ha portado mal con ella.
Puede que os parezca exagerada mi preocupación, pero estoy desolada, siento que Carla es una niña maravillosa de la que estaba muy orgullosa y nunca hubiera pensado que podría ser tan cruel con una compañera con la que realmente nunca había tenido ningún problema. Espero que aprenda la lección de todo lo ocurrido y que con ayuda profesional entienda que no es necesario ser perfecta sino buena y honesta.
