Yo creo que compartir en esta web tus pensamientos y sentimientos de rechazo respecto a la gordura te hacen una persona preocupada y con ganas de «hacerlo mejor».
No soy psicóloga y tal vez tengan razón las que dicen que aunque tengas cuerpo de «diosa» no te quieres, pero creo que el hecho de que decidieras cambiar tus hábitos hace tiempo para dejar de ser «gorda» sí muestra el cariño que te tienes porqué decidiste «cuidarte».
Ahora bien, coincido con las personas que comentan que hay que aceptar «todos los cuerpos», pero eso es difícil porque la gordofobia está instalada en nuestra sociedad desde hace siglos.
Pero no solo la gordofobia, es que todo el mundo se cree libre de opinar sobre el cuerpo de los demás y ESO ES LO QUE HAY QUE CAMBIAR.
Siempre he sido «a ojos de los demás» una chica muy guapa. De pequeña, joven y hasta después de dar a luz siempre fui delgada.
Y siempre los demás opinaron de mi cuerpo haciendo comentarios, a veces negativos, pero la mayoría de veces alabando «mi tipazo».
Un año después de dar a luz rompí con el padre de mi hija. De un día para otro me convertí en madre soltera y empecé a comer mal y a refugiarme en la comida «para darme caprichos porque yo lo valgo y porque necesitaba recompensas». Necesitaba «premios» porque había sido un día duro en mi vida de madre soltera y como no tenía a nadie a mi lado para ayudarme y lo hacía todo yo sola, pues yo misma me recompensaba: bombones, donuts, una hamburguesa…
El espejo me mostraba cada día cómo mi cuerpo engordaba, pero seguía siendo bastante guapa.
A partir de ahí, todo el mundo a mi alrededor empezó a comentar sobre mí cuerpo y mi gordura: cuídate, no te dejes, estás engordando, flaca estabas mejor, sigues siendo guapa pero deberías adelgazar, ¿cuánto pesas ahora?, ¿por qué no vas al gimnasio? … Y así prácticamente cada día.
De verdad que nunca me había importado tanto lo que como o no como o mi cuerpo hasta que empecé a engordar y TODOS ME LO DECÍAN.
De verdad que nunca había rechazado el cuerpo de otra persona que pasara delante de mí por la calle, ya fuera delgado o gordo, hasta que empecé a engordar y todos me lo «recordaban».
Mi padre me llamaba vaca delante de mi hija y se reía, haciendo bromas, recordando lo delgada que fui siempre. Mis hermanos y amigos sacaban fotos de lo «buena que estaba antes» y las colgaban en las redes sociales y yo tenía que leer y escuchar «comentarios» sobre mí cuerpo de ahora comparándolo con el de antes.
Y empecé a aceptar que era gorda, pero como estaba «sana» y los análisis así lo demostraban, pues debía tener ese discurso.
Desde ese momento me repulsan los cuerpos extremadamente delgados donde se notan los huesos y los cuerpos gordos «que se ven» llenos de grasa.
No me disgustan «los cuerpos con ropa», pero cuando la gente muestra sus brazos o piernas y se ve su delgadez o su gordura, yo mentalmente lo rechazo y lo critico.
Por supuesto, tengo la delicadeza de «no compartir mis pensamientos», pero están ahí.
¿Por qué soy así si antes nunca me fijaba en ello?
Mi primer novio con el que estuve ocho años era gordo y jamás en la vida me importó, era evidente su gordura, pero yo no le daba importancia.
El padre de mi hija era gordo, estaba muy gordo cuando le conocí y jamás me importó. Su hermana, su padre y su sobrina también estaban gordos, mucho más que él y eso a mí nunca me importó, ni lo comenté ni lo juzgué. En cambio,ahora el padre de mi hija ha adelgazado mucho en los dos últimos años, desde la pandemia y él ahora se mete con mi cuerpo y me insulta.
Peso 88 kilos y mido 168 cm. En el mundo de las gordas «no estoy tan gorda», pero en el mundo de las flacas: soy una gorda.
Me miro al espejo y sí, soy una gorda y sí, llevo tiempo rechazando mí cuerpo desnudo, pero sigo sin cambiar de hábitos aunque sé que eso sería lo correcto.
Sé que no quiero seguir engordando.
Sé que no volveré a pesar 63 kilos como antes de dar a luz.
Sé que si no como el condiciones y no hago ejercicio «todo irá a más».
Lo sé, soy consciente.
Pero aún así mi otro yo me dice «¿qué más da que estés gorda si estás sana y tus análisis lo demuestran? ¿qué más da lo que opinen de tu cuerpo?» y entonces no hago nada por cambiar esta situación.
¿Pero es verdaderamente mi problema o el problema de la sociedad que nos dice que ser gordo está mal y que cualquiera puede comentar sobre tu cuerpo y tu belleza?
Amiga del post: El problema no lo tienes tú, es la sociedad la que está mal, pero a tí te va tocar ir a terapia para que aprendas a entenderte, a aceptarte y a seguir queriéndote.
Yo por mi parte he decidido que voy a adelgazar y a comer mejor en este nuevo año, no por el qué dirán, si no por mí, porque no quiero rechazar el cuerpo que veo en el espejo. Y haré terapia para aprender a quererme y a entenderme y para no sentirme sola «en el camino».