Buenas tardes/noches/días según convenga.
Hoy vengo a contaros que toda mi vida sentimental ha carecido totalmente de equilibrio.
Por un lado estaba el típico pasota que va de duro por la vida y sólo se acuerda de ti en contadas ocasiones, porque tiene mil cosas mejores que hacer que prestarte atención.
Después de ese llegó el amoroso. Los tequieros a todas horas, los detalles súper bonitos y el contacto continuo que con el tiempo resulta agobiante… porque te das cuenta de que ese hombre no te quiere, es que te necesita porque no sabe estar solo.
Con el tiempo lo ves… que no tienes ni un resquicio de libertad, toda tu vida orbita a su alrededor, que te ha abducido en nombre del «amor».
Lo escribo entre comillas porque la dependencia emocional no es amor. Atosigar a una persona, mucho menos.
Cuesta darse cuenta… no te quiere a tí, sólo quiere no estar solo.
Bueno pues después del «amoroso» conocí a otro pasota… una diferencia abismal.
Mientras que el otro repetía lo mucho que te amaba, con éste tienes que darlo por supuesto e intentar adivinar qué siente.
Es frío, no muestra cariño ni pena ni gloria.
Te da la sensación de que si te vas le dará igual, aunque no sea así.
Y tarde o temprano te aburres de su juego infantil, del «si te vas te lloro pero si estás me estorbas» y te vas, dándole una puñalada certera a la idea de volver a tener pareja…
Éstos dos patrones se han repetido en TODAS mis relaciones… no sé qué pasa…
¿Sólo atraigo a desequilibrados? ¿Existe en realidad un hombre cabal?
O te ignoro o te agobio, ya está, y así hasta que he llegado a la conclusión de que no quiero más parejas en mi vida, que me quedo soltera igual que reza en mi estado civil, ya que aparte de desequilibrados, también eran alérgicos al compromiso real.
Que ya no le veo ventaja alguna a tener una pareja… ya tengo una hija, me llevo bien con su padre, tengo amistades…
Jamás pensé que diría ésto con cuarenta y dos años, pero estoy desgastada de tanto imbécil y de pensar si es cosa mía o realmente el mundo (y sus gentes) están desequilibrados, porque veo que al final la que acabará desequilibrada soy yo.