Soy scort y me enamoré de un cliente. Y si. Eso pasa en la vida real. Como dato curioso, en esta profesión no frecuentamos muchos hombres fuera del ambiente de trabajo. Además, está comprobado que la mayoría de las personas conocen a su pareja sentimental en el trabajo. Acepte este cliente hace aproximadamente tres años.
Me sorprendió que era guapísimo y encantador. Comenzamos a frecuentarnos una vez a la semana, y me encontré a mi misma ansiando su llamada, y cancelando otros clientes para verlo a él, cosa que no había hecho nunca antes.
Siempre, hasta ese momento, había conseguido mantener mi vida profesional muy aislada de mis sentimientos. Él no ayudaba a que yo mantuviera mis viejas maneras. Era sumamente inteligente, caballeroso, divertido, y en algún punto caí en cuenta de que me estaba enamorando de él. Pero dejar de verlo o controlar la situación era imposible. El y nuestro tiempo juntos eran la luz al final del túnel de mis largos y molestos días.
Era prácticamente lo único que me entusiasmaba o motivaba. Teníamos largas y profundas conversaciones, me daba regalos que más que costosos, tenían intención y significado.
El era casado y me lo hizo saber en uno de nuestros primeros encuentros. Y del mismo modo me dejo saber poco a poco como su matrimonio se iba desbordando.
A veces me daba la impresión de que él también tenía sentimientos por mí, pero a veces vemos lo que queremos y nos interesa, ¿cierto? Me convencía a mi misma de que todo estaba en mi cabeza, y luego el hacía algo espléndido y encantador que me hacía darme cuenta de que todo era real.
[caption id="attachment_1051020" align="aligncenter" width="2506"]
Happy couple walking outdoor in the park[/caption]
No hubo una gran declaración como en las películas, solo conversaciones y peleas de amantes que nos llevaron a los dos a decirnos lo que sentíamos por el otro. El también se había enamorado de mi. De ese punto a la decisión de dejar a su esposa, pasaron varios meses. Y por supuesto me pidió que dejara mi trabajo. Acordamos que, si íbamos a hacer aquello, íbamos a hacerlo bien y entrar al 100%.
No fue fácil. Yo no tengo estudios, no sabía hacer nada, y me encontré en un gran aprieto. Pero siendo el hombre maravilloso que es, el hombre del que me enamoré, se ofreció a complementar mis pocos ahorros y con eso, y su ayuda, inicié mi negocio de repostería. Pagué un par de capacitaciones, compré materiales, alquilé un bonito local y comencé a ganarme la vida de manera completamente diferente a como lo venía haciendo.
Nunca vi mi antiguo oficio como algo malo, el y yo sabemos las circunstancias que me llevaron ahí y lo mucho que me ayudó, además, soy de las que piensa que la carne es carne, nada más que eso.
Hace poco, cuando tenía una enfermera sacándome con guantes coágulos de sangre de la vagina tras tener a mi segundo hijo, volví a pensar en eso. Somos solo carne y hueso, dependiendo del contexto.
Como les contaba en un comienzo, no fue una historia color rosa. En una oportunidad, que me enteré que había estado pasando tiempo con su ex y lo confronté, me dijo, en palabras textuales, que los dos nos habíamos perdonado cosas. Yo nunca le había fallado así que supe exactamente a qué se refería, a mí pasado.
Nos tomó un tiempo recuperarnos de eso, y por suerte no volvió a ocurrir. Hoy en día transitamos los mismos problemas y dificultades que cualquier pareja. No es una historia extraordinaria, mucho menos trágica, simplemente es mi historia, y melancólica esta madrugada, mientras le doy pecho a mi bebé, sentí que quería compartirla con alguien.