Quiero contar algo que aún me pesa, y mucho: lo mal que me porté con una amiga hace años. Y lo mucho que me arrepiento, de verdad.
La conocí en la universidad, por amigos en común. Ella era de un pueblo, pero sus padres tenían un pisico pequeño en la ciudad, y allí vivía sola. Desde el principio me cayó genial. Era majísima. Solo puedo hablar bien de ella. Fue una amiga de las de verdad, con letras grandes. En todos los años que fuimos amigas, ni un feo, ni un mal gesto. Es que hay pocas personas así, ¿eh? Muy pocas. Ejemplos. Sabía que encantaban los calabacines y los puerros, pues cada vez que venía del pueblo me traía una bolsa hasta arriba del huerto de los padres. Y embutidos de la matanza, que hacían en su casa. Y cada verano me invitaba a pasar unos días en su pueblo
Cuando ya habíamos acabado la uni, me presentó a una amiga suya del pueblo, de las de toda la vida, que había venido a currar. Al principio, para qué voy a mentir, me cayó fatal. Me parecía un poco falsa, un poco de postureo. Pero oye, al final me acabó cayendo bien. Era muy simpática, le encantaba salir (que a mi amiga no le iba tanto el rollo, solo le gustaban los planes tranquilos), y claro, empecé a quedar más con ella.
La cosa es que esta chica trabajaba en la misma empresa que el novio de mi amiga, mientras ella seguía estudiando el MIR, a tope.
Un año y medio después pasó lo que nadie se esperaba: el novio dejó a mi amiga. Así, de un día para otro, sin dar explicaciones. Llevaban diez años juntos. Fue por Semana Santa, más o menos. Y al mes me entero de que ya estaba saliendo con la otra amiga… la del pueblo.
Imaginad el panorama. Mi amiga hecha polvo. Y para colmo, los tres eran del mismo pueblo, así que en dos días lo sabía hasta el panadero. Y los padres, al verla así hechos polvo tb, que tenían planes de casarse
Y aquí es donde empieza lo feo. Lo mío.
Yo, en teoría, dije que no me iba a meter. Que no era cosa mía, que no me iba a posicionar. Pero lo hice. Y no solo me metí, sino que encima me puse del lado de la “otra”, de la que se había liado con el ex de mi amiga. Defendiéndola a ella y al novio infiel, incluso, diciendo que a veces el amor surge así, que qué iban a hacer si se habían enamorado (esto me remuerde la conciencia, porque estoy convencida de que ya se habían liado antes)
¿Y por qué? Pues porque con ella salía, me reía, me lo pasaba bien. Y mi amiga, la de verdad, estaba siempre estudiando o en el hospital. Un aburrimiento, y cuando quedábamos estaba siempre o triste o cansada por el curro en el hospital. Me deprimía. Y yo, pues a lo fácil, a lo cómodo.
Ella me escribía, me decía que estaba destrozada, que no dormía, que lloraba cada noche. Y yo… le daba largas, que tenía que superarlo. Tampoco fui al entierro de su abuela, a pesar de que sabía lo importante que era para ella. Mientras tanto, me iba de juerga con la otra. Incluso en verano nos fuimos, mi novio y yo, con la “mala” y su nuevo churumbel (el ex de mi amiga), a un apartamentazo que tenían los padres de él.
Claro que se enteró mi amiga. Solo habían pasado tres meses desde la ruptura, y yo ya estaba de vacaciones con ellos, como si tal cosa. En mi cabeza, pensaba que ya estaba bien, que tenía que superarlo. Vamos, una insensata. Tiré siete años de amistad por pensar solo en mí.
Y lo peor es que, como era de esperar, la “mala” acabó enseñando la patita y me la jugó también. Pero ya era tarde. Mi amiga, la de siempre, la buena, se alejó. Y encima, me pilló en dos o tres mentirijillas flagrantes. Vamos, que me lo cargué todo yo sola.
Ha pasado mucho tiempo. Ahora, con 37, veo lo difícil que es hacer amigas de verdad. Lo raro que es encontrar gente buena, que te quiera bien. Y no sabéis lo que me duele haber sido tan egoísta.
A veces me la cruzo. Sé que ahora es radióloga, trabaja en un hospital. Se la ve bien, contenta. Me alegro mucho por ella. A veces me la encuentro, es educada y cortés, pero marca mucho las distancias, alguna vez le hablo por facebook, responde, pero veo que por simple educación. Después de tanto tiempo la sigo echando de menos.
Mi abuela siempre decía una frase que ahora entiendo mejor que nunca:
“En el pecado llevas la penitencia.”
Y qué razón tenía.
