La probabilidad real de que un niño use sus propias células es muy baja (estudios hablan de 1 entre 1.000 y hasta 1 entre 200.000 casos), y no todos los tratamientos aceptan células propias: en ciertas leucemias incluso es mejor un donante sano. O sea, que guardarlo “por si acaso” probablemente nunca sirva, y si algún día lo necesita, puede que ni le valga. En cambio, donarlo sí salva la vida de otros bebés.