Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Hace poco cambié de trabajo y me fui a otro departamento donde no conocía a nadie. Como mi trabajo es un poco más complejo que el que hacía antes, me asignaron una compañera para que me guiase y ayudase durante mi proceso adaptativo.
Al pasar las dos solas la mayor parte del tiempo no era de extrañar que, en poco tiempo nos contásemos la vida, ya que nuestro trabajo es bastante solitario y no tenemos a muchas personas con las que hablar.
Me contó que estaba casada y que tenía dos hijos: hijo e hija, de 16 y 14 años, respectivamente. Pues bien, ya hace un tiempo que me voy dando cuenta que le tiene un amor incondicional a su hijo, pero, en cambio, de su hija, siempre me habla fatal. Cuando habla del niño siempre resalta lo bueno que es, las cosas más bonitas que le dice, las buenas notas que saca, etc. Sin embargo, los comentarios de la niña son todo lo opuesto: que si está loca, que si la castigó sin teléfono por llegar tarde a casa, que si mira cómo va vestida, que si les habla fatal…
Entiendo que haya niños más problemáticos que otros y las mujeres, con la pubertad y el torbellino de hormonas, podemos tener adolescencias más complicadas, pero, no sé, ¿hasta ese nivel de no tener nada bueno que decir de ella? No sé si mi compañera es consciente de que lo hace, alguna vez he pensado en comentárselo cuando me venga con otro comentario, pero me sabe mal meterme donde no me llaman. ¿Vosotras le diríais algo?
