Tuvimos una pelotera muy gorda cuando le contamos a mis suegros que no teníamos ningún tipo de intención de bautizar al niño. No lo entendían, no lo querían entender y sinceramente, a mí me la sudó.
Yo les de mis explicaciones ‘si cuando el niño sea mayor quiere pertenecer a la Iglesia, pues se bautiza, pero yo no lo voy a apuntar a ninguna institución sin su consentimiento’.
Ellos se volvieron locos y mi marido me intentó convencer, supongo que porque su padre le daría la turra del siglo. Son una familia de mucho dinero, tienen como un especie de grupo exclusivo de señores que fuman puros, tienen una hermandad de semana santa a la que solo pueden acceder los señores de bien, SOLO señores, sus mujeres no pueden. Para que os hagáis una idea de cómo es mi suegro.

Y aunque me marido me diga que no, que su padre no le ha dicho nada, yo sé perfectamente que esto no es idea suya, porque tenemos los dos clarísimo que nuestros hijos no se bautizan desde antes de concebirlos.
Pues cuando llega a casa dos días después me dice que a ver por qué no lo bautizamos, que total es una fiesta, que seguro que lo pasamos genial, que así les damos el gusto a sus padres… se mi llegáis a ver, parecía yo el Dragon Kan.
Le dije que ni de coña, que si quería fiesta, se hacía fiesta, pero yo no bautizaba a mi hijo por sus abuelos ni de coña.
Pues nada, el otro día bajo a la plaza a comprar el pan y me los encuentro a los tres saliendo de la casa del cura con el niño…
Cogí al bebé… mira, pa qué. Llevo literalmente cinco días sin dirigirle la palabra a mi marido.
Que estaban apuntándose a las clases pre-bautismales para ser los abuelos los padrinos y mi marido consintiendo… pero qué pretendía que no me enterara?!
Os juro que no sé cómo hacerlo para perdonarle porque me ha parecido super fuerte, no es una tontería cualquiera.
¿vosotras que pensais?