He tenido que tomar la decisión más difícil de mi vida y he decidido hacerlo sola, sin consultar.
Mis padres me dejaron en herencia en la casa en la que vivimos mi marido, los niños y yo y entonces dejamos el piso de alquiler y nos mudamos allí. En estos años hemos ido haciendo reformas, y para ello íbamos cogiendo préstamos que siempre terminaban a mi nombre porque mi marido en ese momento no trabajaba.
Es verdad que él se encargaba de hacer parte de la reforma, es decir que nos ahorrábamos bastante dinero en mano de obra.
La cosa es que a mí el negocio ya no me va tan también como antes, soy autónoma y los ingresos que percibo, no me bastan para mantener a todo el mundo. Él apenas consigue trabajillos de vez en cuando, y ya no tiene ni siquiera derecho a paro.
Como autónoma, respondo con los bienes y estaba empezando a agobiarme, por lo que decidí refinanciar las deudas personales, haciendo una hipoteca sobre la vivienda. Como está solamente a mi nombre no he tenido que necesitar la firma de mi marido y he preferido no comentárselo por dos motivos, el primero, porque si se lo decía probablemente diría que pidiéramos más dinero para ir más tranquilos, y yo no quiero eso. El segundo motivo es para proteger la vivienda, mientras paguemos la hipoteca, nos pueden embargar, pero no nos pueden quitar la casa y así me aseguro que no nos echan de ahí.
Me da miedo que mi marido algún día se meta en las cuentas y descubra todo, nunca se han encargado de eso, pero si lo descubre voy a quedar como una mentirosa cuando lo único que quería era proteger a mi familia. No pensé que esto me iba a provocar tanto dolor de cabeza y a quitar tanto el sueño.
