Lo primero de todo, me gustaría enviarte un fuerte abrazo.
Me gusta mucho lo que ha escrito Kaizen, que lo veas como que tus padres te han ayudado cuando ya no estaban.
Creo que puedo entender cómo te sientes, pero lo que has vendido no deja de ser algo material, y el recuerdo más bonito de ellos lo llevas siempre contigo: son los pensamientos que tienes de ellos, cuando rememoras momentos felices con ellos, eso nadie te lo puede quitar, y es lo más valioso.
Escribiéndote el último párrafo he recordado algo que pasó hace casi once años: mi padre estaba muy malito, iban a operarlo, una operación complicada y larga, de la que nos advirtió el cirujano que podía pasar cualquier cosa. Pese a que mi madre quería pasar la noche previa a la operación con él en el hospital (mi padre quería que se fuera a casa), mis hermanas la convencieron para que no lo hiciera, que ya la llevarían al hospital al día siguiente por la mañana, antes de que se llevaran a mí padre al quirófano. Al día siguiente, justo cuando estaba en la puerta del hospital para entrar a ver a mi padre antes de que lo bajaran a quirófanos, me llamó mi hermana para decirme que acababan de tener un accidente de tráfico a la entrada de la ciudad (ellas viven en una ciudad más pequeña, a una hora en coche, yo soy la única de la familia que vive en la ciudad donde estaba mi padre hospitalizado, ya que por la gravedad de la operación no podían realizarla en la ciudad donde viven mis hermanas), afortunadamente no fue nada grave, pero tenían que quedarse a prestar declaración y que hicieran el atestado, mi madre estaba fatal porque lo único que quería era llegar a ver a su marido antes de que se lo llevaran a operar, y aunque dadas las circunstancias se portó muy bien la policía y le permitieron que se cogiera un taxi hasta el hospital mientras mis hermanas se quedaban realizando las gestiones oportunas y pese a que intenté por todos los medios que esperaran a bajarse a mi padre a que llegara mi madre (se portaron muy bien los sanitarios, pues estuvieron un rato esperando), no fue posible, y mi madre llegó al hospital dos minutos después de que bajaran a mi padre (afortunadamente mi padre estaba ya medio sedado, y aunque estuve hablando con él, no fue consciente de que yo era la única que estaba allí), mi madre no paraba de llorar y decía que no se había podido despedir de su marido, que no le podía haber dado un beso, y yo estaba muy afectada al ver su dolor y por no haber podido conseguir que retrasaran un poco más el llevarse a mi padre (aunque no dependía de mí), cuando le expliqué esto a un amigo que contactó conmigo para darme ánimos mientras operaban a mi padre, me dijo que hiciera entender a mi madre que el beso importante no era el que había dejado de darle antes de ir a quirófano, sino el que le iba a dar cuando saliera de él, así que hablé con mi madre y le dije ésto, pues créete que fue un bálsamo, mi madre me dijo que eso era verdad, y se quedó mucho más tranquila. Esto te lo cuento por si a ti te puede hacer también de bálsamo: lo importante no es el recuerdo de sus alianzas, sino los que tienes en tu mente. Por cierto: mi madre sí pudo darle el beso al salir del quirófano, y gracias a esa operación mi padre pudo vivir 9 años más con una calidad de vida muy buena, y hace año y medio nos dejó a punto de cumplir los 82 años.