No sé ni por dónde empezar a escribir esto. Llevo un rato mirando la pantalla y no me salen las palabras, así que voy a escribir como me salga y ya está.
Hoy he escuchado el latido de mi bebé.
Y sé que eso para mucha gente es algo normal, algo que pasa, algo que se celebra y punto. Pero para mí hoy ha sido el día más importante de mi vida. Porque yo ya había estado tres veces en esa misma sala, en esa misma camilla, con ese mismo gel frío en la barriga. Y las tres veces el médico se había quedado en silencio. Ese silencio que las que lo hemos vivido sabemos exactamente lo que significa antes de que abra la boca.
El primero fue el más brutal porque no te lo esperas. Piensas que te ha tocado la lotería al revés y que con el siguiente todo irá bien. El segundo te rompe de una manera diferente, más callada, más hacia dentro. Y el tercero… el tercero te deja en un sitio muy oscuro del que cuesta mucho salir. Recuerdo que salí a la calle y no lloraba, solo andaba. No sabía ni a dónde iba.
Mi pareja no sabía cómo ayudarme y yo no sabía decirle qué necesitaba. Hubo meses en los que no quería ni intentarlo más. Meses en los que me enfadaba cuando veía anuncios de pañales. En los que las baby showers ajenas me dolían en el pecho de una manera que me daba vergüenza reconocer.
Pero aquí estoy.
Hoy he escuchado ese latido y he llorado como no lloraba desde los malos momentos, pero al revés. Si eso tiene sentido.
Solo quería venir a contároslo porque sé que hay muchas aquí que están en mitad de ese camino tan duro y tan solitario. No os voy a decir que todo va a salir bien porque yo sé mejor que nadie que eso no se puede prometer. Pero sí os digo que no estáis solas. Que lo que sentís es real y es legítimo y no hay que esconderlo.
Seguir intentándolo cuando ya te han roto el corazón varias veces es de las cosas más valientes que existe. Y eso, pase lo que pase, ya es vuestro.
Os quiero mucho, guerreras.
