La adolescencia de mi hija fue muy, muy dura para mí. Me costó mucho sobrellevarla, sobre todo porque mi hijo mayor tuvo una adolescencia (y una vida en general) muy, muy tranquila y centrada, por lo que cuando me tocó lidiar con la de mi hija fue un infierno. Pero cuando he hablado con gente, me han dicho que no fue para tanto, que ojalá sus hijos hubiesen tenido esa adolescencia porque ellos han vivido cosas peores.
Cuando entró en la adolescencia se convirtió en una persona difícil de llevar. Era muy caprichosa y no entendía que al colegio al que la llevábamos costaba bastante dinero y hacíamos un esfuerzo para pagarlo, por lo que para fechas señaladas, en vez de pedir cosas que necesitase, siempre pedía discos, libros o cosas así. Tuvimos muchas discusiones por el tema de la ropa, porque ella tenía un estilo y una forma de combinar la ropa bastante diferente a la época (hace unos 10-15 años) y no entendía, por ejemplo, que no podía ponerse una chaqueta de pana blanca con un pantalón blanco fino y jersey negro de cuello alto. Llegó un momento en el que tampoco quería ir de tiendas, por lo que cuando necesitaba ropa era un suplicio y quería que le diese el dinero e irse ella sola a comprarla, un tema que nos costó muchísimas peleas porque no entendía que no podía irse a comprar ropa ella sola con 14 años. Además, muchas veces se sentía cómoda con cosas que objetivamente le quedaban mal, así que tampoco era buena idea. El tema notas tampoco era mucho mejor porque, si bien cuando la cambiaron de clase sí empezó a sacar buenas notas, los dos primeros años de la escuela secundaria fueron espantosos. No sacaba buenas notas en las asignaturas de ciencias, le costaban muchísimo y no se esforzaba nada. Además, le pusieron algunas sanciones por hacer dibujos o escribir canciones en los fines de semana de su agenda o no enseñarnos las notas del profesor. Una vezme desesperé tanto que estuve a punto de estamparle el ordenador contra el suelo porque esperó hasta la tarde del domingo para hacer los deberes y hasta ese momento estuvo toda la mañana escuchando a un cantante italiano de los años 80 (que, aún a día de hoy, no sé qué hacía una niña de 13/14 años escuchando eso, la verdad). En una ocasión también me cogió dinero y me dijo que fue porque en el cumpleaños de su amiga iban a comer antes de ir al cine pero ella no lo sabía, así que como yo no estaba en casa me cogió diez euros y no se había acordado de decírmelo antes, pero que me cogiese dinero de la hucha me causó mucha desconfianza hacia ella. A partir de los 15 años mejoró, pero costó mucho convencerla de que acabase el bachillerato y fuese a la universidad porque ella quería hacer un grado medio (pero no la dejamos porque ni sabía por dónde quería tirar).
A ver, sé que hubo momentos en los que exageré mucho y me tomé según qué cosas muy mal, como cuando un profesor dijo que su trabajo sobre un libro era el mejor delante de todos, pero ella en ese trabajo había criticado el libro y quería saber por qué le había gustado al profesor, cuando me dijo que iba a preguntarle le grité que era ridículo que le preguntase eso. Tampoco bebía, fumaba, se drogaba o salía de fiesta, y cuando alguien le ofrecía hacer algo sin que nos enterásemos siempre me lo decía. Y sé que ella renunció a sacarse el titulo de idiomas de francés y vivir en el extranjero durante unos meses porque no quería que tuviésemos esa carga económica y ella no había podido ahorrar para costeárselo todo. Pero a mí me costó mucho lidiar con todo eso, que los padres con los que hablo del tema le quiten hierro al asunto o me digan que sus hijos eran peores no me hace sentir mejor. No sé si exagero, pero al menos a mí me costó mucho lidiar con la adolescencia de mi hija.