Sábado por la noche. Estoy en la cama, con unas 400.000 películas y series disponibles, incapaz de encontrar algo que ver. Pero la realidad es que el problema no es Netflix. El problema es que no estoy donde me gustaría estar.
Mis amigas están ahora mismo cenando en el jardín con piscina de una de ellas y yo me lo estoy perdiendo por una razón absolutamente ridícula.
No puedo disfrutar de estar con ellas porque soy incapaz de ignorar los ruidos que hacen. Oigo el sorbido que hacen al beber de una copa. El ruido de la nariz seca de una de ellas. Otra respira como si fuera un instrumento de viento: escucho perfectamente cómo coge aire por la nariz, cómo lo expulsa por la boca y hasta el «shhhh» de satisfacción que sueltan después de beber agua.
Y ojalá acabara ahí.
Una habla con la boca llena y a medio tragar, con una voz que parece salida de una posesión demoníaca. Estoy convencida de que algún día se nos atraganta. Otra, con 42 años, sigue teniendo la costumbre de lamer el plato y encima la primera la anima con un «bah, estamos en familia». Y allá va, lengua fuera, como si estuviera limpiando una sartén. Otra se tira pedos regularmente y luego anuncia: «Ay, perdón chicas, es el gluten, qué vergüenza». Pero no parece tener ningún interés real en contenerlos.
Y yo no puedo estar allí.
Sí, ya he hablado con ellas. Muchas veces.
La respuesta siempre es la misma:
— «Una vez lo habré hecho…» — «Es que si no sorbo no me sabe igual.» — «Exageras.»
Me miran como si estuviera loca porque, para ellas, esos ruidos apenas existen.
Y sinceramente, las entiendo cuando me dicen: «Si todo te molesta tanto, no vengas.»
Porque tienen razón.
La cuestión es que yo tampoco quiero ser así. Me caen bien, las quiero, quiero pasar tiempo con ellas. Pero mi cerebro decide amplificar cada respiración, cada sorbo, cada chasquido de boca como si estuviera usando unos auriculares con cancelación de ruido inversa.
¿A alguien más le pasa? ¿Cómo convivís con esto? Porque a veces parece un superpoder para detectar ruiditos, aunque luego sea incapaz de enterarme de la mitad de las conversaciones.
P.D.: Sí, ya sé que mis amigas tampoco son exactamente un ejemplo de etiqueta.