Muy buenas queridas.
Antes que nada, lo que voy a contar puede que me lleve a un juicio moral. No os preocupéis, lo entiendo y no puede ser peor de cuánto ya me juzgué a mí misma en su momento.
Para poneros en situación, yo en ese entonces estaba en pareja. No era mal tío, pero eran muchos años y yo había tirado la toalla hacía mucho en lo que respecta a su forma de amar. No es que no me amara, jamás lo he puesto en duda, pero su forma de demostrarlo no estaba al uso. No había gestos, cariño, palabras amables, ni tan siquiera había besos. No digo esto para tratar de excusarme, porque considero que no hay excusa para una infidelidad, pero quiero que entendáis la situación, o más bien, mi situación emocional de aquel momento. Quería marcharme hacía eones, pero ocurrió en una mala época económica, y a riesgo de sonar egoísta y superficial, no podía irme. Solo decir, que en cuanto me pude costear un alquiler sin matarme de hambre a mí y a mis mascotas, me fui.
El caso, es que un día retomé contacto con un amigo de la infancia que veía de uvas a peras, llamémosle Juqn. Quién dice de uvas a peras, dice quedar cada seis años para ponernos al día, nada raro, todo inocente. Pues más o menos «tocaba», y comenzamos a hablar por mensajería. Todo risas, gustos en común (siempre fuimos ambos muy frikis, muy raros), el mismo tipo de humor negro, y en definitiva, así estuvimos varios meses pero todo sin salirnos del tiesto. Él me contaba de la casa que estaba en reformas, su trabajo…, yo de mi relación, de mis animales, de mis dramas.
Un día bromeamos sobre el hecho de que cuando éramos pequeños, con 13 años, Juan se me había declarado y yo, que aún jugaba con muñecas en esa época (bueno, en realidad era más de legos), le rechacé. Entre broma y broma, algún cumplido. Yo hacía siglos que no recibía un cumplido de alguien que me importara, aunque solo fuera un amigo.
La tontería se mantuvo unos días. Hasta que, movida por vete a saber qué, le mandé una foto sexy. La correspondió con una suya, y así anduvimos un tiempo más.

Yo no soy el tipo de persona de calentarse o calentar para no quedar en nada, así que dejando de lado todos los prejuicios que podía tener, comencé a preguntarle si nos podríamos ver. Él me daba largas: trabajo, la reforma… así que tras proponerlo unas cuantas veces, desistí. Fui menguando los mensajes subidos de tono, porque tampoco me parecía de recibo mantener eso si no iba a llevar a nada más.
Hasta que un día recibo una fotopolla random. Sinceramente, un pene sin contexto no me dice nada, pero lo interpreté como un nuevo acercamiento a quedar. Le seguí el rollo y efectivamente, por fin, Juan propuso un día para vernos.
Fuimos a comer, nos reímos como nunca, y él mismo sacó el tema de mi pareja. Le expliqué claramente la situación: yo no estaba buscando una liana, aunque me fuera mañana de casa, no quería otra relación, y que desde luego no quería que pensara que le estaba usando de alguna manera para reafirmar mis voluntades. Juan a su vez me comentó que tampoco buscaba nada serio, que no era el momento, que estaba muy metido en sus cosas. A pesar de dejarlo todo bastante claro, no pasó nada, y no sería por falta de esfuerzo. Me considero una persona directa y más de una vez dejé caer mis ganas de intimar. Pero nada, ni un beso.
Acabó la cita y yo me dispuse a olvidarme del tema sexual. Un lío no debería costar tanto, y tampoco he tenido jamás por costumbre perseguir a nadie. Pienso que sí se quiere, se hace sin tantos problemas. En parte, llegar a esa conclusión me alivió durante un rato, porque aunque no lo ande mencionando, todo este tema me generaba muchísima ansiedad y culpabilidad. Mi relación estaba con un pie en la tumba desde antes del coqueteo, pero no evitaba que al pasarseme el calentón, me sintiera como un asco de persona, sobretodo por la premeditación.
En fin. Pasaron dos meses, la perspectiva de poder «emanciparse» estaba cada vez más lejos porque se sucedió la pandemia y me vi en ERTE. Seguíamos hablando Juan y yo, alguna vez había tonteo, alguna foto, pero no había propuestas de quedar y yo me había rendido.
Volvió a querer quedar, y me lo tomé como amistad, accediendo. Ese día fui yo a buscarlo a su casa, y nuevamente pasamos una muy buena tarde. Recientemente había sido mi cumpleaños y me compró un videojuego que sabía que me gustaba y que no podía permitirme… Fue un detallazo. Y cuando aparqué cerca de casa de sus padres (con su casa en obras estaba viviendo con ellos), para despedirnos, sorpresivamente me besó. Ya comenté que con mi pareja no me besaba, no le gustaba eso… Fue el beso más dulce que pueda recordar. Me agarró la cara, y así estuvimos un largo rato. Cuando hice ademán de «tocarle», lentamente fue saliendo del coche y me dijo «así no, en un coche no». Yo con cara de ameba, me despedí. Hizo como que se había olvidado algo, volvió a entrar, y me volvió a besar aunque esta vez, algo más fugaz, y me deseó buena noche. Me pasé todo el camino a casa llorando. No porque me hubiera enamorado, no era el caso. Obvio me gustaba mucho, había mucha química y en términos objetivos, podría ser el hombre perfecto para mi, pero sabía que las cosas no debían ir por ahí, no era el momento. Lloraba por la sensación del beso, de sentirme deseada, triste al pensar que eso era lo único que quería de mi pareja.
Las siguientes semanas me propuse salvar mi relación… Le pedí a mi pareja besos, cariño. No es que no se los hubiera pedido ya, pero quería intentarlo. No tuvo éxito. Sé que puede parecer que estaba siendo egoísta, y no lo niego, pero juro que intenté que mi relación funcionara, antes de todo esto y aún después. A veces pienso que sí mi pareja tan solo hubiera hecho un esfuerzo por darme esas pequeñas cosas… Un beso, un cumplido, todo habría sido diferente. No es excusa y no lo culpo, era muy buena persona, pero también era como vivir con un hermano. Y yo no quería vivir así eternamente.
El caso es que unos meses después, Juan me propuso volver a quedar. Yo obviamente con todo el percal, andaba bastante desanimada. Tampoco sabía qué pensar de Juan. Alguna vez bromeaba con que no rendía sexualmente, así que acabé pensando que sus negativas o sus espaciadas «propuestas de citas» se debían realmente a eso. Otras veces, pensaba que igual estaba enamorado y no quería salir herido. Otras, solo creía que no le gustaba tanto como decía, que le gustaba más el juego de las fotos. Aún a día de hoy no se qué demonios pasó.
En fin, quedamos y me llevó directamente a la casa de un familiar que tenían vacía, y yo me pregunté «ha estado vacía todo este tiempo, ¿Y no lo había planteado nunca?».
Se trajo una play para jugar, un placer que compartimos. Música, comida… Estuvimos un rato hablando y volvió a sacar el tema de que él no buscaba nada, y le reiteré que yo tampoco.. que me ponía, y eso era todo. Me comentó también que llevaba años sin catar mujer, que no esperara gran cosa… A mi me daba igual, y tomé la iniciativa. Cierto el primer round fue algo muy rápido, pero nos reímos muchísimo. Unas partidas a la play, y volvía a «buscarle», y así estuvimos varias horas hasta que me dijo que ya no tenía más fuerza jajaja
Nos entendimos muy bien sexualmente. Quizás no era el amante con más fondo que he tenido, pero tampoco era el más rápido del Oeste tras el primer encuentro. Me hizo cosas que me encantan, sin habérselas dicho o pedido (agarrarme el cuello, mordiscos, besos en determinadas zonas). Y según me dijo, yo también cumplí de sobra sus expectativas. En definitiva, todo apuntaba a que nos habíamos entendido y la habíamos pasado genial. A parte, la confianza para hablar de todo, tomarnos nuestros descansos jugando, oyendo la música que nos gusta a los dos. Todo perfecto.
Nos despedimos, y cada uno a su casa. Los días posteriores comentábamos el encuentro, nuevamente alabandonos mutuamente, y yo tratando de quedar otra vez. Pero volvieron las excusas. Se alargaron tanto que me acabé desanimando. Jamás había estado detrás de un hombre, rogando, y bastante lo intenté.
Simplemente volví a bajar el tono de los mensajes, y hasta hoy, aunque ya estoy soltera (él también). No hay día que no hablemos, y han pasados dos años, aunque sea para mandarnos un meme o algo gracioso.
Al poco de terminar con mi pareja, él no lo sabía, volvió a mandarme una fotopolla… Entiendo que es su forma poco indirecta de intentar algo, pero no le correspondí en ese momento porque no me veía en condiciones. Mi ruptura me dolió, a pesar de todo.
Cuando finalmente le anuncié que estaba viviendo sola, me felicitó y ahí quedó la cosa.
Yo ahora mismo, en lo que respecta a Juan, estoy algo desilusionada. No quiero hacer un acercamiento más allá de la amistad de tantas veces que me ha rechazado sin explicarme realmente porqué. Tenemos confianza, y me molesta que no pueda ser sincero, sea lo que sea. Si estuviera enamorada, me arriesgaría, pero arriesgarme por una follamistad, no me termina de convencer.
Lo triste es que es una persona de la que podría enamorarme, aunque para mí es pronto para meterme en algo serio, y además, me atengo a lo que me dijo de que anda en otras cosas y no quiere algo serio (aunque tampoco se acuesta con nadie, eso me dice, y me lo creo), si bien a veces he pensado que buscaba precisamente lo contrario y se frenaba por mi situación sentimental.
Sé que no puedo pedir claridad cuando ni yo misma sé muy bien lo que quiero. Pero, aunque no pase nada, siempre me preguntaré porqué tantas excusas, porqué espaciar las citas tanto, y porqué, si supuestamente lo pasamos bien, no hizo ademán de mantenerlo sabiendo que yo estaba dispuesta a ello.
Cuando trato de llevar las conversaciones a ese terreno, cambia de tema o me dice que me como mucho la cabeza. Por eso he desistido, porque lo interpreto como que ya fue, que no necesita más de mi. Y para un polvo, no me compensa tanto misterio.
Gracias por leer, y disculpad el tocho.