Hola, es la primera vez que escribo aquí pero es que ya no sé a quién recurrir.
Hace más de cuatro años empecé una relación con el mayor error de mi vida. Es la relación más tóxica que he tenido jamás.
Empezó como en un cuento de hadas en el que todo era perfecto. Me colmaba de atenciones, de halagos, de detalles…hablábamos mil horas por teléfono (empezó siendo una relación a distancia) y todo era maravilloso.
Al poco tiempo las cosas empezaron a cambiar y yo empecé a ver cosas raras.
Tenía unas dinámicas extrañas con sus relaciones personales. Siempre tenía que quedar por encima de los demás. Si entraba en un conflicto no paraba hasta «ganar». No le importaba llevar al otro al límite o machacarlo psicológicamente. Él se justificaba diciendo que alguien tenía que decirle esas cosas, alguien tenía que enseñarle, porque si no se el otro se salía con la suya. Y adoptaba así una actitud honorable e íntegra de cara al mundo en el que me convencía.
Poco después empezó a trasladar esas conductas a la pareja y las veces que discutíamos, que cada vez eran más a menudo, se convertían en una guerra sin descanso en la que yo siempre perdía. O bien porque le acababa dando la razón por desgaste y agotamiento o bien porque me acababa convenciendo de que yo tenía la culpa de todo y acababa disculpándome de cosas que no había hecho o incluso de las que había hecho él pero que yo «había provocado».
Las peleas y los conflictos se acabaron convirtiendo en algo habitual y cada vez escalábamos más. Llegó a ser normal las faltas de respeto, los insultos, los gritos, utilizaba detalles que yo le había contado de mi vida para tirármelo en cara y usarlos contra mi. Si yo había discutido la semana anterior con mi hermana de repente era el argumento para demostrar que era yo la que tenía problemas con todo el mundo. Si le había contado un problema en el trabajo lo mismo. Todo era un arma para lanzarme en el momento adecuado. Sabía donde y como hacerme daño y era cruel y sádico para conseguirlo. Lo peor es que lo conseguía. Conseguía convencerme de que la conflictiva, la problemática y la equivocada era yo y empecé a vivir con un sentimiento de culpa constante.
Esas discusiones siempre acababan igual. Yo disculpándome y él echándome la culpa de todo.
Su versión, era que yo era una loca, que siempre la estaba liando porque necesitaba drama, que la culpa siempre era mía, y que necesitaba terapia.
Y llegó a convencerme de todo eso. Se le ha de reconocer que es bueno manipulando, tergiversando y mintiendo.
Ante esa perspectiva yo no contemplaba dejarle porque, claro, era todo culpa mía, ¿cómo le iba a dejar?. Lo que tenía que hacer era esforzarme más.
Y ahí me veíais callando desplantes, ocultando mis sentimientos para que no me tratara de loca, callándome cosas para que no lo pudiera utilizar contra mí, evitando conflictos que él provocaba. Llegó a anularme completamente.
En algún momento debió de decidir que no quería seguir en la relación pero tampoco debió de parecerle buena idea dejarlo y lo que decidió fue empezar a boicotearla para que le acabara dejando yo.
Empezó a traspasar líneas para provocar discusiones y en cada una de ellas su respuesta era «ves? Tenemos que dejarlo» y yo entraba en pánico, reculaba y me disculpaba por lo que fuera que se había inventado que había hecho y le convencía de que iba a cambiar mientras él me dejaba claro que estaba conmigo por compasión.
Se cruzaron muchas líneas, demasiadas hasta que por fin consiguió lo que quería y lo dejé.
De esto hace ya un año. Un año que he necesitado para sanarme pero sobre todo para perdonarme. A él no le perdonaré jamás pero yo necesitaba perdonar que le había permitido hacerme todo eso.
Fue una ruptura durísima y tortuosa donde no pudimos hacer contacto cero porque ahora ya los dos vivimos en la misma ciudad y compartimos a todos los amigos.
Para hacer contacto cero tenía que quedarme sola y no lo quise ceder eso.
Pero necesitaba una guerra y me convirtió a mi en su principal enemigo.
Empezó a hacer campaña contra mí contando mentiras sobre nuestra relación, tergiversando, manipulando, sacando cosas de contexto, engañando, manipulando…
Y la gente les creía. (Os he dicho que es muy bueno manipulando).
Así que intenté contratacar.
Probé diferentes cosas. Ignorarle, defenderme, desmentirle, atacarle. No funcionaba nada y no acababa nunca. Así que acababa difundiendo barbaridades a mis amigos que, aunque me apoyaban e intentaban mantenerse al margen, creían.
Ellos me decían que le ignorase, que no contestase, que le bloquease de todo y yo conseguía hacerlo una vez, diez, veinte pero a la que hacía 21 no podía más y contestaba.
Y entonces él ya tenía la excusa y el motivo para su campaña.
Es muy fácil decir que le ignores mientras te aparta de tus amigos, intenta romper cualquier relación que tengas, ataca a tu familia, insulta o se inventa mentiras y además dice que lo hace porque tú has dicho o hecho otras cosas que también se ha inventado.
Es muy tentador querer decir que no es verdad, que eso no ocurrió, que se lo está inventando.
Es muy frustrante verte teniendo que convencer a la gente a la que quieres de que no eres como te pinta él. Aunque no sea necesario, aunque ellos no lo necesiten. La rabia que se siente con una injusticia así es difícil de controlar.
Si conseguía hacerlo e ignorarlo él iba escalando y escalando y escalando hasta que tocaba la tecla adecuada y saltaba.
Como he dicho ha pasado un año. Le he dicho multitud de veces de dejarlo correr, de acabar ya, de tener una relación aunque sea cordial aunque solo sea por nuestros amigos a los que les incomoda esta situación.
Le he dicho que mi mano está extendida, me he rebajado hasta el infinito disculpándome de nuevo por cosas que no he hecho, he puesto de mi parte todo lo que he podido para terminar esta guerra.
Su respuesta ha sido mandarme un ataque verbal tan brutal que aún estoy temblando.
Mi alternativa es cerrar con todo. Terminar la relación con los amigos comunes y salir de todos los entornos que compartimos.
Eso significa quedarme sola y cambiar todas mis aficiones pero empiezo a estar desesperada.
Solo quería desahogarme. Gracias por escuchar.
