Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
LA HIJA DE MI AMIGA TIENE PRISA POR SER MAYOR. Y NO SÉ SI CONTÁRSELO A LA MADRE
Hace más de veinte años que salgo con el mismo grupo de amigos y hemos forjado una amistad a prueba de bombas. Hemos estado juntos en lo bueno y en lo malo. Y siempre nos hemos apoyado incondicionalmente. Nos hemos visto crecer como personas y como grupo y nos hemos convertido en la familia que hemos elegido. Los hijos de unos son los sobrinos de los otros. Y así, recíprocamente.
Pero me he enterado recientemente que la hija de una de las amigas tiene prisa por ser “mayor!. Acaba de cumplir los catorce años y está teniendo una adolescencia movidita. No quiere estudiar, suspende todo, está enganchada al móvil, se salta alguna que otra clase…Todo porque quiere ser guay y va de malota. Por lo visto, es la más joven de su grupo de amigos (nació a finales de curso) y digo yo que quiere llamar la atención, que se cree en la obligación de demostrar que es igual de mayor que el resto. Hasta ahora los castigos no han funcionado mucho y han empezado a trabajar con una psicóloga.
El otro día celebramos la verbena de San Juan todos juntos y los niños más mayores salieron a dar una vuelta hasta el pabellón del pueblo, animados por la hija de nuestra amiga, donde hacían discoteca móvil.
Al cabo de un rato apareció uno de los chicos a beber agua, porque tenía sed. Y habló con su madre. Y después se volvió a ir.
Cuando ya era hora de recoger e irse, llamamos al móvil del mayor y les pedimos que fuesen volviendo. Después de una media hora larga aparecieron todos, un poco serios, y la muchacha con un cabreo monumental, porque le parecía que era demasiado pronto para irse y ella se lo estaba pasando bien. Su madre le dijo que no era ella quien decidía y se encerró en el coche dando un portazo. Fueron los primeros en irse.
Cuando yo estaba para irme, me paró otra amiga y me pidió hablar un momento a parte.
Oye, ¿te has fijado que mi hijo ha venido a beber agua y luego se ha vuelto a ir? Sí. le he visto de reojo. Pues es que ha venido a contarme algo. Uy, ¿se han discutido?
No, bueno, o sí. A ver, es que resulta que Pepita (la hija de nuestra amiga) tenía tanto interés en ir al pabellón porque se había enterado por redes sociales que el grupo de chungos del pueblo tenía intención de ir. Y ella pretendía ir a ligar con uno del grupo, que aunque no se conocen mucho, hace unos días que la ronda.
Ay, madre, que creo que no quiero saber cómo continúa la historia.
Ja que no. Si yo lo sé, tú lo sabes. Esto lo tenemos que compartir y afrontar juntas. Pues nada más llegar al pabellón, ha ido directa hacia ellos, aunque el resto de nuestros hijos le han dicho que no fuese. Pero ella les ha ignorado y se ha ido para allí. Y se ha olvidado de los otros.Han dado unas cuantas vueltas, pero cuando se han querido dar cuenta, Pepita había desaparecido.
Alguno ha dicho de ir a buscarla, pero la mayoría han votado que no, que si pasaba de ellos, ellos pasaban de ella.
Y el mío, cabreado con la actitud de la niña, ha venido a contármelo, con la excusa de beber agua. Y yo le he mandado de vuelta, y deprisita, a que la buscaran y la vigilaran, porque a una amiga no se la deja nunca sola y menos con alguien a quien no conocen. Pues ha vuelto y ha convencido al resto para que la buscasen. Y, oh, sorpresa, se la han encontrado besuqueándose con el maromo en cuestión y dándole tientos al cubata de él.
Mierda.
Sí, mierda. La han llamado a grito pelado hasta que lo han dejado y no han parado de seguirla para evitar que se volviesen a quedar a solas. Y cuando ya les hemos llamado para que volvieran, les ha costado un montón traérsela. Por eso ella venía tan cabreada, porque le han fastidiado el plan. Y por eso el resto venían tan serios.
Y ahora, ¿qué? Habrá que decírselo a los padres. O no. No tenemos por qué decirles nada. Es mejor que no se enteren. Pues yo, si fuese mi hija, querría saberlo. Pero ya sabes cómo se pone el padre, que no es muy de dialogar, sino de castigar. Pero es que es peligroso lo que está haciendo. Si ya con catorce años hace esto… No es cuestión de castigarla, si no de hablar con ella. Hay que acompañarla en el proceso de hacerse mayor, educarla, prepararla. Que esté informada de lo bueno pero también de lo malo. Sí, todo muy bonito, pero ¿de verdad tenemos la narices de decírselo, aunque sólo sea a la madre? Le va a caer como un jarro de agua fría y sabes que últimamente no lo está pasando muy bien por culpa del trabajo. Igual la psicóloga de la niña puede aconsejarles…
Y aquí estamos, que no nos acabamos de decidir. Así que, si no os importa, aceptamos opiniones.
