Mi hija tiene 9 años y su mejor amiga lleva casi un mes sin quedar con ella. Al principio pensé que estarían ocupadas, que habría algo, que ya se arreglaría solo. Pero mi hija le preguntó la semana pasada si podía ir a dormir a su casa, como han hecho mil veces desde primero, y la madre le dijo que no porque «no tienen cama para tantas». Mi hija me lo contó en el coche con esa naturalidad de los niños que todavía no saben distinguir cuándo una excusa es una excusa.
Yo sí lo sé. Tienen cama. Lo que no tienen son ganas, y creo que sé exactamente de dónde vienen esas ganas.
El marido de esa mujer va a mi clase de fuerza. Llevamos casi un año coincidiendo, nos conocemos del gimnasio, nos hablamos con normalidad, a veces nos quedamos cinco minutos después de clase comentando el entrenamiento o lo que sea. Nada raro, nada que no haría con cualquier otra persona de la clase. Pero ella vino una vez a buscarle y nos vio hablando, y desde ese día el trato cambió. Primero fue más fría conmigo en la puerta del cole. Luego dejaron de proponer planes. Y hace cosa de un mes y medio, en el cumpleaños de una niña de clase, llegué tarde a recoger a mi hija por un problema en el trabajo y cuando llegué ella estaba esperando en la puerta con una cara que no era solo por la hora. Le pedí disculpas, dijo que no pasaba nada con esa voz que significa que sí pasa mucho, y desde entonces el hielo total.
Lo que me tiene loca no es que esté celosa, que cada una gestiona sus inseguridades como puede. Lo que me tiene loca es que ha decidido que quien paga el pato es mi hija de 9 años, que no entiende qué ha pasado, que solo sabe que su mejor amiga ya no queda con ella y que le han dicho que es por una cama que no existe. Yo no le he hecho nada a esa mujer. No me he metido en su matrimonio, no he hecho nada que no haría con cualquier otro compañero de gimnasio. Y aun así mi hija está pagando algo que no tiene nada que ver con ella.
No sé si hablar con esa madre. Si lo hago igual monto un problema donde no lo hay o confirmo una sospecha que igual me estoy inventando. Si no hablo mi hija sigue sin entender nada. Y lo que sí sé es que en algún momento va a entender que aquella excusa de la cama no era verdad, y ese día va a ser mucho peor que este.
