A punto de cumplir los 18 años.
Estaba saliendo de una depresión que me había empezado a los 15, con TAC incluidos. El último año sin embargo, derivó en una agorafobia que me hizo engordar casi 20 kg, y llegar a una talla 46-48.
Hacia poco que había podido retomar mis estudios, tenia amigos y un novio al que yo consideraba maravilloso (después me di cuenta de que sus celos eran muy tóxicos, pero ese es otro tema)
Después de mucho dudar (me acababa de quitar los antidepresivos) y con la ayuda de mi madre, organice una fiesta genial. Alquilamos un local para poder estar con música, comida y algo de alcohol. Me sentía como en los programas de mis súper dulces 16 que por esa época estaban en auge.
Y llegó el momento de buscar mi outfit para la fiesta. Quería un vestido y hacía años que no me iba de compras. No conocía Kiabi ni ese tipo de tiendas, así que me fui a un centro comercial de mi ciudad donde había varias boutiques con vestidos para eventos.
Entre en la primera, acompañada de mi novio y con toda la ilusión del mundo.
En cuanto entre, me puse a ojear los vestidos cuando me vino la dependienta a preguntarme si podía ayudarme en algo.
Un poco nerviosa le comenté: pues si, estoy buscando un vestido pero no sé muy bien como lo quiero aún, verás es que celebro mi fiesta de los 18…
Y al mujer me corto con un afilado: no, aquí no tenemos nada de tu talla.
Se me cayó el alma a los pies.
Hacia años que no me iba de compras, hacía años que algo no me hacía ilusión como esa fiesta, años que no sonreía sinceramente por algo.
Salí. Me eche a llorar en un banco con mi novio animándome e insistiéndome a que fuéramos a más tiendas.
Después de muchos disgustos después, fuimos a otra tienda. Lo primero que hice fue preguntar si podían tener algo de mi talla. La dependienta de la segunda tienda debió ver mi tristeza, así que fue de lo más amable.
Tenían apenas dos vestidos que me podían servir, me acabe llevando un vestido que ahora cuando aún lo veo en mi armario, me parece horrible e, rosa palabra de honor, con volantes y flores en el escote, y de la talla 44 pero elástico así que me quedaba bien.
Mi novio y la dependienta me dijeron lo preciosa que estaba, consiguieron animarme y que me llevara ese vestido.
El vestido sin duda no pasó desapercibido y en mi cumpleaños me lo pasé de lujo con todos mis amigos.
Pero nunca me olvide del poco tacto de la primera dependienta y como hizo que me sintiera el ser más horrible del mundo.
He resumido mucho mis sentimientos en esta historia, y siento el tochazo.