Quiero hablar de mi ansiedad clínica y de lo cansada que estoy de fingir que todo está bien y de que parece que los que padecemos estas cosas tengamos que avergonzarnos.
Desde hace mucho – demasiado – tiempo, he tenido ataques de ansiedad. Ya sabes, de esos en los que te cuesta respirar y el corazón te va a mil por hora.
Con el tiempo pensé ‘ey, yo puedo con esto y más. Fingiré que todo es maravilloso y estupendo.’ Qué gran mentira. Hasta el año pasado no tomé medicación, y fue simplemente para dormir porque no podía con lo de la muerte de mi abuela.
No, no he mejorado. De hecho, llevo semanas (puede que más, ni siquiera de eso estoy segura) con pensamientos suicidas. Lloro. Lloro tanto que me arde la piel con las lágrimas. Me despierto a veces pensando ‘oh, genial, otro día de suplicio en la Tierra’.
Con los años me he acostumbrado a fingir. A camuflar mis sentimientos con bastante más que maquillaje. Digo a todas horas lo estupendo que es vivir, lo mucho que me encanta mi vida, que hay que ser optimista. Qué chiste.
Procuro mantener esto alejado de la gente porque las respuestas generales suelen ser:
– Eres una egoísta por decir/pensar así.
– Tampoco es para tanto, sonríe.
Y un largo historial de gente que se cree que son los de Mr. Wonderful (empresa que se dedica a crear cosas con frases positivas). Noticias frescas, querido/a, esto no funciona con alguien que sufre ansiedad o depresión.
¿Por qué estoy soltando semejante parrafada? No, no es por dar pena si es lo que estás pesando. Lo digo porque no puedo más y necesito liberar esta sensación.
Ahora hablemos de que no soy la única persona en el mundo que se siente así y que es por ello que me abro a ti para que si te sientes así, sepas que no estás solo/a en esto. Y que si no te sientes así, me alegraré por ti. En serio.
Si has llegado hasta aquí, gracias y te quiero.