Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Las mascotas de mi marido se escapan de su recinto. ¿El problema? Son cientos y cientos de hormigas.
Acudo aquí hoy en un último intento desesperado de no coger a las hormigas, a mi marido y la santa madre que lo parió a tomar viento de mi casa. No podía adoptar un gato, gusanos de seda o qué sé yo, algo menos numeroso, por lo menos. No entiendo cómo pude aceptar cuando me dijo que quería dedicarse a criar hormigas, que la mirmecología era su nueva pasión. Bueno, yo no sabía lo que era eso, tal vez me pilló por banda cuando le dije que sí. Lo cierto es que, al principio, era entretenido verlas ahí, por los tunelcitos para arriba y para abajo, dándolo todo, reuniendo la comida que le poníamos. Es espectacular observar cómo trabajan y la capacidad que tienen para coger muchísimos más de su peso y tamaño y transportarlo de un lugar a otro. Fascinante. Hasta que de esas hormigas surgieron más y más y más. Las pobres tienen una esperanza de vida de semanas pero, la colonia, dura ¡años! ¡AÑOS!
Esto son cientos y cientos de hormigas.Y claro, el terrario se les quedó pequeño y, ya que estamos, vamos a poner uno más grande. Pues el jodido habitáculo nuevo tenía una pequeña fisura y, como cualquier animal cautivo, ¿qué hizo? Se piraron. Todas. En todos los rincones de mi casa, hasta en la cama, señoras. En la cama, sí. Habitualmente, me gustan los bichos pero, verlas en tropa, todas juntas, me dio un repelús que hasta me salió un ridículo grito agudo. Eran como una marabunta negrita moviéndose muy rápido, en direcciones aleatorias. El drama viene porque soy animalista y, obviamente, no las iba a matar, con lo que vivir en esa casa se estaba complicando.
Revisando foros, la verdad, mi marido consiguió las claves para intentar devolverlas al redil, aunque tampoco tenía mucha más ciencia que repelente de hormigas en ciertas partes y comida suculenta en el terrario ya arreglado, supuestamente. No todas volvieron, pero dejamos de verlas por la casa. Fue todo bien unos días, hasta que volvió a pasar lo mismo. Ahora estoy escribiendo esto desde la mesa de la cocina, viendo cómo está pasando una fila de ellas, mirándome de reojo. Creo que hasta aquí llegó mi paciencia. Acabamos de tener una gran discusión al respecto y no quiere deshacerse del terrario, porque dice nunca lo apoyo en las cosas que le gustan… es que esto no es ni medio normal ya. Me va a costar el matrimonio, pero las voy a soltar en algún sitio desde que salga de la casa, que sean libres y vayan a hacer sus cosas de hormigas lejos de mí, por favor y gracias.
