Mi suegra ha sido siempre una metomentodo. Yo lo hacía cuando su hijo y yo empezamos a salir, quiso cambiar mil cosas el día de nuestra boda porque quería que todo se hiciese a su manera y ahora, que hemos sido padres, la situación no ha hecho más que empeorar.
Desde el primer momento ha tenido que opinar sobre el nombre del niño, el tipo de lactancia que tenía que darle, si tenía que ponerle calcetines, aunque fuese verano… ¡todo! El caso es que yo soy una persona que impone sus límites muy claramente, pero, en este caso, creo que le corresponde a su hijo hacerlo y no a mi, que es su madre.
Mi marido, por no tenerla con ella, no le dice absolutamente nada y luego, cuando yo en casa le digo lo que me ha parecido mal, él me dice que no le haga caso, que es una mujer de otra época y tiene sus cosas, que lo suyo es ignorarla. Pero un día acabó con mi paciencia.
Fue un día que se quedó con el niño por la tarde, iban a ser un par de horas en lo que yo iba al médico y su padre volvía de trabajar, le dejé la merienda preparada y le dije que, si les apetecía, podían ir a dar una vuelta. Cuando volví, vi que la merienda estaba intacta y cuando le pregunté me dijo que le había dado galletas de chocolate porque al niño le gustaban más… a un niño de dos años.
Cortocircuité y no me pude aguantar. Le dije que ya estaba bien, que el niño era nuestro hijo y no el suyo y que no podía hacer lo que le diese la gana. Os podéis imaginar ese día la sobredosis de azúcar que tuvo mi hijo y el drama que fue acostarlo por la noche. Ella, lejos de disculparse, se ofendió sobremanera y desde entonces, no me habla y todo lo que me tiene que decir lo hace a través de su hijo.
Mi marido insiste en que tengo que pedirle disculpas porque no lo hizo con mala intención, pero no ha sido solo un caso aislado, esto ya viene de lejos y tratarla de pobrecita solo agrava el problema.
¿Creéis que tengo razón? ¿Debería disculparme?