Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
¿Conocéis esa sensación de estar en vuestra casa tranquilamente, sentadas en la terraza (o balcón quienes tengan) contemplando el atardecer, fumando o tomando una copa de buen vino?
Ya has cumplido con tus obligaciones, y tras toda una jornada corriendo de un sitio a otro como si fueras el correcaminos (mic-mic) al fin te sientas. No esperas a nadie, el teléfono está en silencio, sólo el ruido del tráfico se oye a lo lejos, o el murmullo de la gente que como tú, está volviendo o vuelve a su hogar.
La paz te invade. Tu hija ve los dibujos mientras ella misma colorea (o más bien garabatea) un librillo. No le hace mucho caso a la tv, ni a ti de momento.
Y tú sientes esa paz… ese equilibrio.
La contemplas, sus ricitos rubios caen sobre su frente y ella los aparta con fastidio porque hace rato que decidió soltarse el pelo.
Resopla para apartarlo de sus ojos.
Te hace gracia.
Ya no esperas a su padre como antes. Hace tiempo que las hadas huyeron del cuento, pero no ha sido un mal final… queríais estar unidos para siempre en un sólo ser, y ahí está, con sus ojitos azules que son más de su parte que tuyos, mirándote y sonriendo mientras te enseña su «dibujo».
La abrazas y sientes que estás abrazándole también a él. Mentalmente le haces un guiño, seguido de un «gracias».
Quieres pensar que él hace lo mismo alguna vez.
Ya no le esperas ni te preguntas si de verdad ha salido tarde de trabajar o si estará engatusando a otras. Ya no te duele pensar si en ese momento tiene compañía mientras cena.
Incluso te alegrarías de que no estuviera solo, porque no quieres imaginarle triste, la ira y la rabia se marcharon hace tiempo de tus entrañas, y deseas con toda tu alma que sea feliz.
Te gusta verle reír en algún evento al que vais los dos por la niña … o porque le cuentas algo gracioso, o él te lo cuenta a ti.
Y sientes paz, porque sabes que no te equivocaste eligiéndole aunque como pareja no funcionara.
Porque sabes lo mucho que vale en muchos aspectos, y sólo uno en el que no, pero eso no borra los demás.
Porque sabes que entre vosotros siempre existirá ese poder, esa complicidad que os hizo construir tanto…
Porque sientes esa paz de saber que si le necesitáis, va a estar ahí, porque vive a cinco minutos y aunque viviera a doscientos, también estaría.
Todo eso sientes mientras el día se echa a dormir, y tú tienes que hacer la cena.
Estás orgullosa de ti… de saber que has podido vivir sin él, que no le necesitabas, solo le amabas, y eso es algo que no se va nunca.
Sabes que él, para sus adentros siente lo mismo, en su casa hay más de ti que de él mismo…
Él puso la casa y tú la convertiste en un hogar.
Que en cada pared o rincón hay algo que tú elegiste.
Pero tú tienes sus ojos durmiendo a tu lado como siempre deseaste… y estás tranquila con ese pedacito vuestro pegado a ti…
Sabiendo que el amor eterno es real aunque tenga muchas formas.
