Ya me habían avisado de que el primer embarazo nada tiene que ver con el segundo, pero no me imaginaba hasta qué dimensiones podía llegar ese aviso. Tuve a mi primer hijo hace 2 años y medio y aunque creo que no me volví loca, sí preparé todo con tiempo, con mucha anticipación, ilusión, detalle, mimo y hasta con un toque un poco cursi. ¿Esta vez? Destapo aquí una verdad que no había oído, pero que he compartido con muchas bimadres después de sincerarme yo primero. Esta vez ha sido incluso difícil hacer frente al embarazo, y eso que era deseado, buscado, planificado. Quiero que todo salga bien y coger ya a mi niñita, pero siento la culpa de no haberla tratado como se merece ya hasta antes de nacer.
Muchas amigas me hablaban de la pena de dejar a los mayores cuando llega el momento de ir al hospital con el segundo parto. Y las entiendo, pero pocas me habían contado lo mal que te sientes cuando este embarazo acaba siendo una mera transición en la que, la mayoría, no tenemos ni una décima parte de las fotos de nuestra barriga que tuvimos la primera vez. No leemos los libros que compartíamos entre nosotras ni le hablamos o le ponemos música a nuestro segundo bebé. Es verdad que la vida nos ha cambiado y que el tiempo no es el mismo, los miedos tampoco, la sensación de dónde me he metido. Me han dicho, y me lo creo, que todo mejora el día que la conoces. No dudo de que el amor se multiplica y de que todo va a merecer la pena, pero estos nueve meses no están siendo la celebración diaria que era con el primero, ¡si hasta la curva de la glucosa me parecía una experiencia!.
Por suerte, en la semana 28 me ha entrado el famoso síndrome del nido. Ya he sacado mi arsenal y prisas para meterle caña a mi marido pidiéndole tener todo a punto para la niña. Es verdad que estamos confiados porque contamos con los muebles, juguetes, carrito y ropa del mayor, pero también con la experiencia de saber que los bebés, con un pañal y un pijama, tienen suficiente si su madre está cerquita.
Así que de la lista interminable que redactamos con el primero, han quedado solo los básicos para esta vez. ¿El cambiador? Prescindible. ¿Cremas de cuatro marcas? Lo mismo. ¿Cojín de lactancia? Me imagino dando la teta sentada en la taza del WC mientras el mayor se baña. ¿Aparato de ruido blanco? Ya hará ruidos su hermano. Así que, en realidad, esta vez nos está costando algo menos equiparnos. Algo de aseo, ropa que hereda de amigos y hermanos, el foulard de porteo y la sillita del coche. Con eso, podríamos subsistir los primeros meses, todo lo demás, lo vemos como un extra. Ojalá poder cuidar los ratitos a solas con ella, mimarla, actuar con calma y delicadeza…aunque sabemos que nos puede parecer una situación de supervivencia al principio y subsistamos como podamos.
Os hago la pregunta que hacemos a nuestras amigas antes de cerrar la maleta ¿algo que me pueda estar olvidando?
