Pensar que un día aposté por algo que hoy me ha fallado, que aún con el corazón herido le regalé lo que me quedaba, y que a pesar de todo no fue suficiente. Me resta pensar que fui valiente. Pero me conmueve saber que no hubo motivos para dejarnos, que aun sincerando mi taciturno corazón, lo haya ignorado y se haya rendido, rompiendo promesas.
Pensar que después de todo queda nada, de la noche a la mañana.
Aceptar y asumir haber perdido.
Darse cuenta de que todo esfuerzo fue en vano, de que ellos pudieron más que nosotros, de que al final la palabra de uno tenga menos valor que cualquier otra, y es que una vez perdida la confianza ya no queda nada.
Me quedo con lo vivido, con los buenos ratos y la amistad.
Me quedo tranquila y en paz conmigo misma, pues sé que puse todo de mí hasta el final y no me arrepiento de nada.
Decirle que a su lado la vida fue hermosa, que entre sus brazos me sentí dichosa y que lo recordaré siempre con una sonrisa.
Decirle que lo fue todo, y por eso hoy le olvido,
que la vida sigue, y aunque a menudo lo necesite en mi camino, yo puedo sola.
Decirle que le deseo lo mejor, que es maravilloso, y que me alegro de haber formado parte de su historia, pues bien sé que podrán pasar muchas más por su vida, pero nunca nadie le amará de la misma forma y con la misma intensidad que yo lo hice.
Estos son los pensamientos de una loca, que aunque la vida le demuestre lo contrario, nunca dejará de creer en el amor. Y es que la vida se hizo para vivirla, pues qué sería de la vida sin los malos momentos, que hacen ser a los buenos aún mucho mejores.