Fui mamá hace 5 años y si bien en el embarazo no gané mucho peso, el estrés que llegó con mi hijo me hizo subir más de 20kg que me acompañan desde entonces. Me encanta mi cuerpo, debo decirlo, no tengo problema con mis curvas y soy feliz tal y como estoy.
Mis mejores amigas estrenaron la maternidad hace poco. Sus hijos tienen ahora apenas unos meses. El otro día quedamos las 4 para tomarnos algo juntas y de pronto se pusieron a hablar del peso, de los kilos que habían subido, de adelgazar, de dietas depurativas, de milagritos nada sanos… un locurón. Os puedo asegurar que las 3 se ven igual o mejor que antes de ser madres, es que yo no veo no un kilo subido en ninguna de ellas, por eso aluciné con todo lo que estaba escuchando.
Tras un rato analizando todo lo que estaban diciendo decidí aportar mi granito de arena y solo les dije que en lo personal yo las veía preciosas, que era evidente que las 3 se ponían ya su ropa de antes de estar embarazadas y que tuvieran cuidado con entrar en dietas nada sanas.

Las 3 de rieron y me dieron las gracias por el consejo pero es evidente que siguen pensando lo mismo. Incluso empezaron a comentar sobre otras chicas que conocemos que fueron madres y engordaron, que pobrecitas cómo se habían puesto y todo eso. Y allí estaba yo, madre de un gigantón de 5 años con mis 20 kilos de más, pensando en qué no dirían de mi de no ser porque son mis mejores amigas.
Me sentí bastante mal la verdad porque se que ellas saben que a mi mi cuerpo me gusta como está pero me da mucha pena que ellas, mis amigas, tenga esa percepción sobre lo que es importante tras dar a luz. No sé, me parece una visión muy rancia de todo esto no creéis?