Os pongo un poco en situación…
Siempre dije que no quería ser madre, mi carácter es intenso y complicado donde a veces no me aguanto ni a mi misma. Cuando crecí dije que quería ser madre antes de los 25, para ser una madre joven y tener una mejor energía para ellos… Pero la vida me puso diferentes experiencias y llegaron los 30 y recién cumplidos me enteré de que estaba embarazada. Llevábamos un año buscando, una buena relación aunque con altibajos en la convivencia. Nada más enterarme me entró pánico, y si no era lo que yo quería? Era consciente de que ya mi vida no sería igual..
Y seguí adelante con el embarazo, tenía un buen trabajo con buenas condiciones para las madres y me sentía, en esa parte, segura. A los dos meses entramos en confinamiento, erte al canto en mi trabajo, mi pareja trabajando más horas y tuve un embarazo donde apenas pude ver a nadie. Era embarazo de riesgo, realmente me encontré bien pero mentalmente ya sabemos todos como nos ha influido todo este año.
Parí en un parto programado de un día para otro. El parto fue bien, realmente tuve mucha suerte, casi nada de puntos y el peque sano y estupendo… Pero ahí caí, después de todo ese proceso mi mente explotó. Sentía miedo, pánico, me arrepentía de haber sido madre porque no me sentía nada preparada. Realmente es durísimo sentirse así cuando todo el mundo te dice que debes estar feliz. Pero yo no lo estaba.
La lactancia comenzó de manera horrible pero lo hemos ido superando y ahora el peque tiene seis meses. Estuve en tratamiento psicológico de post parto unos dos meses y me fue bien. Ahí me di cuenta de que eran otras cosas las que debía modificar y no lo relación con mi hijo.

Gracias a dios he tenido ayuda día a día con mi familia más cercana, mi pareja trabaja como una mula y llega reventado. Su trabajo es físico y es importante que descanse. Por lo tanto casi todo el peso recae en mi.
Mi hijo es intenso, ha salido a mi, es alta demanda, me separo de él y es un llanto continuo. Está perfecto, pero me agota. Me siento triste, cansada, desbordada. Me siento sola. Me siento perdida. Aún sigo en erte sin saber cuando vamos a volver y sin ver un final en todo este proceso donde cada día es la misma historia. Echo de menos tener una rutina fuera de estas cuatro paredes, poder disfrutar de mi hijo en otros aspectos fuera de aquí. Volver a trabajar. Ser, en parte, la persona que era antes con mi trabajo y no solo ser madre. Mi vida ha cambiado tanto que me abruma no poder volver un poco a lo de antes. Estoy remando sin parar y no se cuanto más voy a aguantar, porque es eso… Me siento sola y no lo estoy, y no quiero llegar a odiar toda mi nueva realidad.
Un abrazo