A ver chicas estoy hecha un lío. Empecé a organizar mi boda el año pasado y como no tenía claro lo que quería opté por la típica boda tradicional, en una iglesia y después celebración en un restaurante que tiene jardín para el aperitivo. Era una idea con la que nos sentíamos cómodos tanto mi prometido como yo.
Todo iba bien, hasta que me cogí en diciembre unos días de vacaciones y los dediqué a buscar detalles, decoración y otras cosas que quisiera añadir. En lugar de ayudar, eso me empezó a volar la cabeza, porque me di cuenta de que las que me encantaban eras las que se celebraban en la playa o en el jardín de una finca rústica al aire libre. Vamos, nada que ver con lo que ya teníamos organizado.
Se lo comenté a mi prometido, y aunque a él le gusta también lo que le digo, dice que ya es tarde para cambiarlo todo y que sería una locura. Nos casamos en junio quedan pocos meses y todavía tendríamos que buscar algún sitio que cumpliera esos requisitos.
En vuestra opinión, ¿esto es fruto de los nervios o realmente es algo que debería hacer para tener la boda que me apetece en estos momentos?
