Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Me caso en unos meses y estoy buscando un lugar para hacerlo. Como vienen algunos familiares de fuera, ya quería aprovechar para hospedarnos en el mismo sitio donde haríamos la celebración.
Queremos una boda pequeña, somos unas 30 o 35 personas, solo familiares y amigos cercanos, y ningún establecimiento de “boda” nos coge porque para esos eventos tienen mínimos que cubrir.
Nos casamos en temporada baja, en meses donde casi no hay bodas, así que en una famosa web de bodas empecé a comunicarme con varios proveedores explicando que buscaba un sitio para una celebración pequeña.
En esa web tienes la opción de buscar por el mapa, así ves los establecimientos más cercanos a tu residencia.
Escarbando un poco, me encuentro con una casa rural que tiene una ermita. Tiene tres opiniones de cinco estrellas, todo perfecto, y pinta bien.
Les escribo, les planteo mi caso y me explican que trabajan con un formato de alquiler de la finca para el fin de semana, con capacidad para 50 personas. Y me envían el precio: 840 €.
Como ya había visto ese mismo alojamiento anunciado en otra web de casas rurales por 975 €, asumí que la diferencia de precios era porque esta otra página cobraba comisión y la famosa web de bodas solo hacía de intermediaria (o eso creía).
Los llamo, organizo una visita y vamos a verla. Ya hay cosas que no coinciden con los comentarios tan perfectos, pero aun así me gusta.
Les digo que me interesa, que la quiero alquilar, y me dicen que serían 1.900 €.
Me quedo congelada y les digo que ellos mismos me habían dado la tarifa de 840 €, que por eso fuimos a verla. Les comento incluso que tienen el alojamiento publicado a 975 € en otra web.
Me dicen que esos precios son correctos si se alquila como alojamiento rural para 15 personas, pero que si saben que es para una boda entonces son 1.900 €.
Les pregunto cuál es la diferencia y me sueltan que las bodas son caras, y que los precios también tienen que serlo.
El hombre me confiesa que me dijo 840 € porque si me decía 1.900 € no habría ido a verla, pero que si tengo dinero para el catering, tengo dinero para pagar 1.900 €. Que si no, mejor no me case.
Que si no le hubiera dicho que era una boda me lo dejaba en 800 €, pero que ya sabiéndolo no podía ser “tonto”.
Pero vamos a ver… ¡si te contacté precisamente desde una web de bodas, cómo no ibas a saberlo!
Y lo más fuerte: el sitio no está ni preparado para bodas. Tiene una ermita (que no pudimos ver porque no tenía la llave), un alojamiento para 15 personas y poco más. Ni sillas, ni mesas, ni mobiliario de exterior.
Le explico que no es un bodorrio, que es solo una comida para 30 personas, que el catering trae todo y que ni siquiera usaremos la cocina ni el salón. Y su respuesta: que si se corre la voz de que acepta bodas por 840 €, luego todo el mundo querrá ese precio.
Le digo que lo piense, que puedo pagarle hasta 1.000 € (algo más de lo que cuesta el alojamiento rural) y que incluso dejaría una buena reseña para ayudarle, que tenemos familiares que se casarán el año que viene y podrían interesarse.
Y me responde, tan tranquilo: “Es que si te digo 1.900 € desde el principio no vienes”. O sea, lo hizo a propósito.
Al final le dijimos que lo pensara y nos fuimos. Pero ya no queríamos casarnos allí ni por 800 €. Fue una falta de respeto.
Cinco minutos después, nos llama para decir que no va a poder ser, que serán 2.000 €, porque las bodas son caras.
Lo peor es que intenté poner una alerta en la famosa web de bodas para avisar de lo ocurrido y no hay forma de denunciar ese tipo de prácticas. Y me parece gravísimo, porque este tipo de cosas deberían controlarse.
