Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
En 2023 tuve a mi primera hija. A pesar del embarazo, continué trabajando 40 horas semanales y no solicité la baja hasta la semana anterior al parto. Tomé esa decisión por responsabilidad y por no perjudicar a la empresa. Durante ese periodo, además, me encargué de formar a la persona que iba a cubrir mi puesto durante la baja maternal. Este proceso me generó un elevado nivel de estrés, ya que dicha persona tenía muchas dificultades para aprender, lo que aumentó mi carga emocional y laboral en un momento especialmente delicado.
Tras el nacimiento de mi hija, disfruté del permiso de maternidad y me reincorporé con una reducción de jornada a 30 horas. La persona que me había sustituido se quedó en la empresa y se le asignó prácticamente toda la carga de trabajo, mientras que a mí se me dejó con muy pocas tareas. Llegué a sentir que acudía a mi puesto sin apenas trabajo que realizar, algo que me resultó frustrante y humillante. Incluso recibí comentarios que me hicieron sentir desplazada.
A pesar de esta situación, no me rendí. Poco a poco conseguí recuperar responsabilidades y asumir nuevas funciones. De hecho, el trabajo que empecé a realizar posteriormente era mejor y de mayor valor que el que desempeñaba antes de mi primera maternidad.
Tiempo después volví a quedarme embarazada. En febrero de 2025 di a luz a mi segunda hija. En esta ocasión me vi obligada a coger la baja médica aproximadamente dos semanas antes del parto, ya que la situación era insostenible: tenía un bebé muy pequeño, apenas podía dormir y estaba completamente agotada física y mentalmente.
En ese mismo periodo, mis otras dos compañeras del departamento también se quedaron embarazadas, más o menos al mismo tiempo. Yo fui la primera en reincorporarme tras la maternidad. Aun así, solicité dos meses de excedencia, ya que coincidían los meses de agosto y septiembre y no podía escolarizar todavía a la bebé. Mi intención era hacer una adaptación tranquila y pausada en septiembre, priorizando el bienestar de mi hija y una reincorporación responsable.
Cuando me reincorporé definitivamente, nos reunieron a las tres y se nos comunicó que la empresa atravesaba supuestamente una mala situación económica y que existía la posibilidad de que nos despidieran. Un mes después, esa amenaza se hizo realidad: las tres fuimos despedidas, una de nosotras estando aún de excedencia y la otra todavía en pleno permiso de maternidad tras haber dado a luz recientemente.
La empresa comunicó el despido alegando causas objetivas. El despido fue comunicado como objetivo y en ningún momento la empresa reconoció su improcedencia. No obstante, abonó la indemnización correspondiente a un despido improcedente. Justificaron la decisión en una supuesta mala situación económica que, en mi opinión, no era real. La empresa dejó de facturar a través de la sede española para hacerlo mediante una sede extranjera, provocando artificialmente que la filial española entrara en números rojos.
El impacto emocional fue devastador. Me enfadé profundamente y llegué a culparme a mí misma e incluso a mi bebé. Fue una experiencia muy dura a nivel personal y emocional. Finalmente decidí denunciar a la empresa y solicitar la nulidad del despido, al considerar que se habían vulnerado claramente nuestros derechos. Incluso llegaron a amenazarme por enviarme correos para dejar constancia del trabajo que ejercia ese mes pues segun la abogada iba al trabajo para no hacer nada.
Tras dos meses en situación de desempleo, encontré un nuevo trabajo, mucho mejor, con mayor responsabilidad y en el que una empresa ha confiado plenamente en mí. Estoy dando lo mejor de mí misma y demostrando mi valía profesional. Aun así, continúo adelante con el proceso judicial. Mi actual empleo es a jornada completa y, por motivos de conciliación familiar, es posible que en el futuro tenga que cambiar de trabajo. No considero ético comenzar un nuevo proyecto profesional exigiendo desde el inicio una reducción de jornada que en ningún momento fue planteada durante el proceso de selección.
Además, existe la posibilidad de que mi marido tenga que marcharse fuera por motivos de estudios, lo que complicaría aún más la logística familiar con dos niñas pequeñas, una en la escuela infantil y otra en el colegio.
Por todo ello, seguiré adelante con el juicio e ir a por la nulidad aunque me hayan hecho una oferta economida. Considero que lo ocurrido es injustificable y vergonzoso. Aunque fuimos tres las personas despedidas, he sido la única que ha decidido denunciar. Lo hago no solo por mí, sino porque este tipo de prácticas no deberían quedar impunes. Deseo que se conozca lo sucedido y que se haga público, para que al menos se asuman responsabilidades por lo ocurrido.