Os escribo desde el aeropuerto haciendo que respondo mails, no sé ni cómo gestionar lo que pasó
mi boda fue de diez. Todo el mundo superbién, la comida increíble, mi marido estaba guapísimo y yo estaba disfrutando como una enana. Todo risas hasta que se abrió la barra libre.
Mi mejor amigo de toda la vida se pasó tres pueblos con los gin-tonics, es el típico que está en todas mis fotos de la uni, de los viajes, el que me ayudó a mudarme… vamos mi hermano. Mi marido lo quiere un montón, son colegas, salen juntos… cero dramas de celos nunca porque es que Javi era uno más de la familia. O eso creía yo.
Estábamos todos bailando Camela yo estaba a tope y mi amigo me hace señas de que salgamos un momento fuera a la zona de fumadores porque necesita decirme algo. Yo pensé que el pobre estaba ya tostadito y que me iba a soltar la típica chapa de borracho de Tía, te quiero un huevo, que seas muy feliz, Carlos es un grande. Lo típico que dices cuando llevas cuatro copas y te pones tierno.
Pero no. Se le fue la olla por completo. Se puso a llorar me agarró de las manos y me soltó: Mira, no puedo más. He intentado venir aquí y hacerme el fuerte, pero verte de blanco me ha matado. Llevo años pillado por ti y me estoy muriendo por dentro. No soporto ver cómo te besas con él. Sé que esto es egoísta y no va a servir de nada y que probablemente es el peor momento pero era ahora o nunca.
Al principio pensé que era una broma de mal gusto pero el tío seguía y seguía. Me empezó a recordar cosas de hace mil años que yo ni me acordaba, dándoles un significado que no tenían. Un nivel de intensidad que me dio hasta miedo.
Le dije vas borrachísimo, mañana no vas a saber ni dónde meterte, vete a casa y descansa. Pero nada, el tío se dio la vuelta y se largó de la boda sin decir adiós a nadie.
Tuve que volver a la fiesta, poner cara de aquí no pasa nada y seguir bailando. Pero por dentro os juro que tenía el estómago del revés. Sentía que le estaba ocultando algo asqueroso a mi marido el primer día de casados. Cuando me preguntaron donde estaba dije que le había sentado mal el alcohol.
Y ahora tengo una mala hostia que no me cabe en el cuerpo. Estoy muy cabreada. ¿Qué necesidad había? Me ha jodido el recuerdo de mi boda. Ahora cada vez que vea las fotos o me acuerde de la fiesta me voy a acordar de él llorando y soltándome ese muerto. Lo suelta justo cuando ya no hay marcha atrás, cuando sabe que me voy de viaje de novios y que me voy a pasar los diez días dándole vueltas al coco.
¿Es lícito que me den ganas de no volver a hablarle en la vida?¿Qué haríais vosotras?¿Le diríais algo a vuestro marido u os callaríais para siempre para no montar un cisma en el grupo de amigos? Es que este chico está en todos nuestros planes… no sé cómo vamos a volver a quedar de normal después de esto. Menudo percal de verdad. Os voy respondiendo en cuanto llegue al hotel y tenga un rato con el pc.
