Una amiga del pueblo de toda la vida me dijo que se casaba pero que no me invitaba porque era una boda pequeña.
Y yo me lo creí.
Me dolió pero me lo tragué. Le dije que lo entendía que no pasaba nada, que disfrutara mucho. Pensé que si era algo íntimo pues oye era su decisión.
Pero luego vi las fotos. Y estaban todas las amigas del grupo con las que hemos salido, viajado, reído, llorado. Incluso alguna con la que apenas hablaba ya. Todas menos yo.
Y entonces lo entendí. No era una boda pequeña.
Era una boda sin mí.
Lo que más me ha dolido no es no haber ido. Es que me mintiera. Que no tuviera el valor de decirme la verdad o mira, no decirme nada.
Y ahora me siento idiota porque fui yo la que le mandó un mensaje bonito antes de la boda, y ella respondió: gracias nena te echaremos de menos.
Pero ya está claro. No fue una boda pequeña.
Y la única que no lo sabía era yo.
