La encontré de casualidad en su mochila. Era un folio doblado en cuatro con corazones dibujados por fuera. Pensé que sería una carta para una amiga del cole pero era para ella misma. Y decía algo así como:
“No quiero vivir con mis padres. Son malos. Me gritan. No me entienden. Ojalá pudiera irme a vivir con otra familia.”
La primera reacción fue el drama. Me encerré en el baño a llorar como si se me hubiera muerto algo dentro. Porque en parte así fue. como puede vernos así una niña a la que amamos más que a nada en el mundo? Qué estamos haciendo tan mal?
Después vino la culpa. Las veces que le he gritado. Las veces que le he dicho ahora no sin mirarla. Las veces que he estado demasiado cansada para escucharla de verdad. Las veces que he dicho deja de llorar por tonterías cuando para ella no eran tonterías.
Y luego, la duda: ¿es una pataleta? ¿una forma de sacar lo que siente? ¿una señal de alarma?
Tengo miedo de no estar sabiendo ser la madre que ella necesita.
No he dicho nada aún. Estoy digiriéndolo. Supongo que lo hablaré con ella pronto. Sin reproches. Pero necesito encontrar las palabras que no la hagan cerrarse en banda. Porque si con 8 años ya siente que no queremos entenderla, algo estamos haciendo muy muy mal.
