Buenos días LoverSizers,
Todo empezó una noche tonta de agosto de este verano pasado, cuando, producto de cantidades ingentes de alcohol, nos liamos por primera vez y guarreamos un poco más de la cuenta. Esa noche se quedó en una mera anécdota, una noche graciosa que lo único que provocó en nosotros fue un acercamiento como amigos que han ido pasando más tiempo juntos y se han conocido más.
Hasta ahí todo bien. La cosa se complica antes de navidades, cuando un domingo cualquiera se nos complicaron las cañas y acabamos en su casa. Fue la primera vez que al día siguiente la situación se hizo un poco más rara. Al principio estábamos cortados, pero en cuestión de 15 minutos y dos bromas se nos pasó. Esa noche abrió la fase 1: LOS BESOS DE FIESTA, en la que cada vez que salimos de fiesta nos liamos.
Febrero: Aquí es cuando empieza el problema. Hasta este mes hemos estado normal, quedando mucho, como siempre, con los besos festivaleros y con una actitud un poco más de picarnos el uno al otro, incluso tuvimos cada uno nuestros rollitos durante el mes de enero. Pero en febrero pasamos a la fase 2: DORMIR JUNTOS. Lo mismo, noches de fiesta que nos liamos, pero añadimos que acababa siempre durmiendo con él. Ni siquiera había sexo, solamente eran abrazos y besos cariñosos.

Veía poco a poco cómo iban apareciendo pensamientos poco habituales en mi persona… HELP!! Solo me hizo falta un finde rural con unos amigos para darme cuenta de lo que le echaba de menos, no podía dejar de hablar de él y estaba constantemente mirando el móvil para ver si me había escrito. Y me escribió, pero para contarme que por fin se había liado con una niña que le hacía gracia. Todavía siento el fuego interno solo de pensarlo… cómo me jodió! Cuando volví quise pensar que había exagerado todo, y que el hecho de estar todo el día juntos estaba haciendo que me confundiese con respecto a mis sentimientos.
Hasta este fin de semana. Este finde era mi despedida (por temas de trabajo me tengo que ir un mes y medio de la ciudad), y, como de costumbre, salimos de fiesta para despedirnos por todo lo alto. Estuvimos toda la noche liándonos, diciéndonos lo mucho que nos queríamos y lo que nos íbamos a echar de menos, y, como no, dormí con él. Sexo, ninguno, solamente unos abrazos increíbles y besos con muchísimo sentimiento. Al día siguiente me fui con la mayor resaca emocional que he tenido en un tiempo.
Y hasta aquí puedo leer. A día de hoy sé que tengo una conversación pendiente con él, que va a esperar hasta que vuelva por dos motivos: 1. Porque todavía tengo la esperanza de que ese bucle de besos y abrazos que los dos hemos permitido me haya confundido, y 2. Porque vivo con el miedo de que lo que siento no sea correspondido.