Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Soy de un pueblito pequeño de poquitos habitantes, de manera que cuando empecé la universidad me fui a la capital. Paso allí la mayor parte del año, pero de vez en cuando hago escapadas a casa, y en verano me suelo ir mínimo un mes para estar con mis padres y con mi hermana.
El verano pasado, cuando llegué, de las primeras cosas que hice fue quedar con mis colegas de toda la vida a tomar algo. Como os imaginaréis, en un pueblo de 300 habitantes, nos conocemos casi todos. Estando en una terraza con una cerveza en la mano, se acercó un chico joven que yo no tenía situado y se sentó con mi pandilla. Después me enteré de que tenía 30 y pocos años y que era el nuevo párroco de mi pueblo.
Ese día no tuve la oportunidad de hablar mucho con él, pero en siguientes quedadas sí y me pareció un tipo súper interesante y con un discurso, aunque alejado del mío, con argumentos. No es que fuese de un guapo que cortase la respiración, pero en aquellas conversaciones le empecé a ver algo que no sabía muy bien cómo catalogar …. pero que me resultaba atractivo de cojones.
No es el cura que os imagináis, o el que a mí se me vendría a la mente si pienso en uno. Para nada. Es un tío joven, que viste algo clásico pero actual, con su barbita, con sus gafas de sol… si no lo ves con indumentaria eclesiástica es un chico más del pueblo. En alguna ocasión lo comenté con él y encima fue divertido con el tema y él mismo se sacó los chistes. No sé, me parecía culto, educado, respetuoso, interesante e ingenioso, así que hicimos muy buenas migas y empezamos a vernos en la pandilla. Solos no quedamos nunca como tal, pero sí nos quedamos a solas tras irse el resto de la gente en un par de ocasiones, y no sé si era cosa mía, pero sentía que el feeling se podía cortar con un cuchillo.
No entiendo por qué una persona puede sacrificar su juventud y su vida por el mundo contemplativo. Él dice que eso le llena el corazón, y que antes de iniciarse en el camino sacerdotal tuvo una vida normal y conoció chicas y demás. No sé qué pudo ocurrir para que finalmente se decidiera por ese tipo de vida.
El caso es que su nombre se fue instalando en mi cerebro, hasta tal punto que decidí quedarme todo el verano en el pueblo y nos dimos los números y nos hicimos amigos. Un día me invitó a una misa especial que se celebraba en conmemoración de nuestro patrón y asistí, y eso ya fue mi perdición. Si el tío estaba para un revolcón de por sí, con la ropa de cura ya me volvió loca. Sé que no es muy políticamente correcto admitirlo, pero es que fue literalmente así. Desde aquel día no paro de pensar en él con ojos lujuriosos.
En alguna ocasión me he insinuado un poco como de broma, lo cual ha dado como resultado tocar el tema de su renuncia a la vida carnal. A mí me parece una lástima total que este hombre no esté en el mercado, pero por otra parte no sé si precisamente esa es una buena parte de su irresistible encanto.
Terminó el verano y me volví a mi casa a la capital, pero no me lo quito de la cabeza. Hablamos de vez en cuando, como amigos y de temas triviales. Hemos quedado en hacer una ruta de senderismo cuando vuelva, y en probar la comida de un bar nuevo del pueblo. La verdad es que eso me ilusiona, aunque sé que es para nada y por otra parte no quiero estancarme en la idea de estar con una persona que ya está consagrada a otra, a Dios para más señas. He oído casos de párrocos que se han salido de la iglesia por amor, pero eso entiendo que será algo muy muy aislado… ¿pensáis que puedo tener opciones?
