Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Hola amigas, os vengo a contar mi historia porque la verdad es que necesito desahogarme. Me siento fatal y no sé ni qué hacer. Ojalá me leáis y podáis darme algún consejo o consuelo, porque me siento muy perdida.
Tengo 40 años, en realidad me faltan dos meses, pero ya es como si los tuviera y vivo con mi madre. Tengo otro hermano mayor que se casó hace años y tiene dos hijos, viven en otra localidad, pero muy cerca, para poder traernos a mis sobrinos día sí y día también para que los cuidemos y de paso llevarse tuppers con comida.
La cuestión con este hermano mío (al que quiero mucho) es que siempre está para recibir, pero nunca para dar. Siempre nos pide ayuda para cuidar a sus hijos, con comida, incluso ayuda económica cuando la ha necesitado y siempre se la hemos dado. Teniendo en cuenta que mi madre no cobra jubilación, solo una pensión de viudedad y yo un pelín más del sueldo mínimo. Que no vamos sobradas, pero hacemos el esfuerzo.
Cosa que al contrario no pasa, él nunca hace el esfuerzo. Mi madre es una mujer mayor, que tiene bastantes problemas de salud, sin ir más lejos la acaban de operar de la espalda y necesita mucha ayuda. Mi hermano ni está ni se le espera. La carga de la salud, las gestiones, la casa, la economía, todo lo que tenga que ver con mi madre siempre la he tenido yo. Se puede entender teniendo en cuenta que vivo con ella, pero si hay cargas especiales, como es el caso de la operación, creo que es lógico pretender que si somos dos esa carga se reparta…
Por otro lado, mi madre tampoco ayuda. Ella siempre prefiere que sea yo la que esté con ella y poco más que lo considera una obligación, me tiene como a Cenicienta. Y, por el contrario, siempre está diciendo: ay tu hermano, fíjate, vamos a ayudarle, vete a echarle una mano, nos necesita… Él todos los derechos y yo todos los deberes.
Y aquí aparece el problema: me he quedado embarazada. Yo no puedo estar más feliz porque llevo queriéndolo mucho tiempo (aunque no tengo pareja), pero desde que se lo dije, mi madre no ha hecho más que poner pegas, malas caras y sacar problemas. Que si dónde voy con mi edad, que estoy loca, que no sé lo que es un bebé, que debería abortar, que encima sola y sin pareja, que no voy a ser capaz, que dónde voy a vivir y de qué, porque mi sueldo es una mierda… No para de decirme cosas por el estilo, que yo sé que es verdad, que no va a ser fácil y que pasaré dificultades, pero es mi sueño, quiero ser madre y ya quiero a esta criatura que llevo en mi seno.
Lo peor vino el otro día, cuando fuimos a hacerme una ecografía. Yo salí llorando de lo feliz que estaba y terminé llorando por otro motivo muy diferente: mi madre estuvo toda la mañana con mala cara y sin hablarme casi, hasta que por fin me dijo: no sé por qué haces esto, eres un desastre, una mala hija y de la misma manera vas a ser una mala madre. Yo me quedé de piedra, ¿cómo podía ser que mi madre me dijera tales barbaridades? Me eché a llorar como una magdalena y así me pasé toda la tarde.
Por la noche, se conoce que se dio cuenta de que se había pasado tres pueblos y vino a pedirme perdón. No se desdijo de las crueldades que me había soltado, pero intentó suavizarlas. Con el tiempo, hablando más veces con ella y con mi hermano, analizando la situación fríamente y desde fuera he llegado a la conclusión de que lo que realmente le pasa es que tiene miedo de que al tener un hijo mis prioridades cambien y que deje de ser ella mi principal preocupación, que deje de tenerla como una reina y se quede sin su Cenicienta, sin nadie que la cuide.
No me puedo creer que sea tan egoísta y mala persona, yo creía que un nieto mío la iba a colmar de alegría y resulta que es todo lo contrario, siente que ya no va a tener a su esclava disponible. Y ahora estoy sin saber qué hacer. Al principio pensé que podía haber sido una pataleta por lo inesperado de la noticia, cuando ella se veía hasta el fin de sus días con una esclava dispuesta se ha encontrado con esto; pero lleva así dos meses y no parece cambiar de opinión y a mí me está amargando el embarazo que debería ser un tiempo de felicidad y tranquilidad. Así que estoy pensando en irme de casa, no quiero compartir mi vida con una madre tan egoísta y capaz de hacerme tanto daño, pero no veo la manera de irme: mi sueldo no me alcanza y no tengo más apoyo que el que me pueda llegar a dar ella y no me planteo abortar. Me siento en una encrucijada sin solución a la vista.
