Hoy escribo aquí para desahogarme porque me siento fatal. Mis hijos de ocho y cinco años esperaban ilusionados los regalos de reyes y se despertaron como cada año súper pronto nerviosos.
Eran las 7:00 de la mañana y vinieron histéricos a mi cuarto a decirme que los Reyes no habían venido. Casi me da algo al darme cuenta de la hora, normalmente espero a que se duerman y como esa noche les cuesta por los nervios, suelo hacerlo sobre las 12:00 de la noche que ya están en el séptimo cielo, pero esta vez estaba tan cansada que me quedé dormida y se me olvidó ponerme una alarma, así que los niños se despertaron y no había regalos.
Me puse súper nerviosa y les dije que se fueran corriendo a la cama, porque eso significaba que estarían apunto de llegar, que siempre había niños que recibían los regalos los últimos en función de la ruta que hacían y que si les veían despiertos, no les dejarían los regalos.
Eso fue peor, porque estaban tan nerviosos que los pobres no se dormían, claro. Por lo que yo no podía poner los regalos sin que se dieran cuenta porque haría ruido.
Al final, cerré la puerta de mi habitación y empecé a sacar los regalos escondidos bajo la cama y en el armario y a colocarlos a los pies de mi cama, sobre una alfombra de pelo blanco. Puse una guirnalda decorando con luces el espacio, pero ya no podía hacer más. Me sentí fatal por no hacerlo bajo el árbol como siempre, pero era la única solución. A la pequeña aún la puedo engañar, pero el mayor se hubiera dado cuenta si hubiera hecho todo el trajín con él despierto.
Fui a buscarles y les dije que como estaban despiertos, los Reyes habían dejado los regalos en mi cuarto y que fueran a abrirlos.
Al final, con la ilusión, más o menos se les pasó el disgusto, pero yo me siento mal, es la noche más especial del año para nosotros y la he cagado.
