Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Mi mejor amiga es una antibodas. Siempre tiene el discurso de que si alguien te invita NO es para que des un regalo ni pagues el plato, porque para eso que no la inviten. Hasta la fecha boda a la que ha ido, boda en la que su regalo fue su presencia. Ha tenido críticas, por supuesto, pero a día de hoy todo el mundo sabe lo que opina y decide previamente si invitarla o no (buena técnica por cierto, porque lleva años sin ir a una).
Siempre ha sabido que me parece feo que, si no se paga el plato, al menos se de un detalle o se ayude en algo. Una amiga nuestra se casó hace varios años y me ofrecí en ayudarle a hacer de forma manual los detalles de los invitados y unas cosas de decoración, ella después me dijo que por favor no le regalase nada, ya que había sido de gran ayuda para ella y se ahorró mucho dinero. Yo sin embargo no me gasté ni 10€ en ayudarla, por lo que quise darle un detalle igual. Mi mejor amiga, Lucía, me dijo que era idiota, que si me sobraba el dinero.
Pues bien, este año me caso yo, en septiembre. Sabiendo como es Lucía quise hacer lo mismo, le pedí que me ayudase con la decoración y los detalles, ya que sabía que no iba a dar nada, al menos que me ayudase con algo. Aceptó a regañadientes. Obviamente le dije que no era obligatorio, pero que le agradecía el apoyo.
Durante estos meses previos a la boda, Lucía conoció a un chico que vi en un par de ocasiones, parecía majo, la verdad, pero tampoco estuve tanto tiempo con él como para poder valorar. Además, se poco de él, solo que tenía una hija preadolescente un poco insoportable por la edad del pavo.
Se por una amiga en común que Lucía no va a poner un céntimo de regalo en la boda. Era visto, tampoco lo pedí, contaba con ese “gasto añadido”. Pero también se por esa amiga en común que tiene previsto llevar a su pareja y a la hija de este porque coincide que esa fecha “le toca”. Y todo esto sin avisarme hasta el propio día. ¿Dónde se supone que los siento? ¿Quién se supone que paga esos dos platos?. Porque lo de mi amiga lo asumo porque quiero que esté allí, pero yo a esa gente no la conozco de nada.
Quise hablar con ella, pero tampoco quería traicionar a quien me lo había dicho. Decidí que lo mejor era ser sutil. Quedamos para tomar algo y le dije que estaba agobiada con la organización de las mesas, que un primo quiso añadir en último momento a un +1 pero era imposible porque no había espacio.
Me miró bruscamente.
– ¿Quién te ha ido con el cuento?, me dijo.
Sin que pudiese decir nada, ya estaba justificándose diciendo que ella iba a llevar a quien considerase, faltaría más, ya que ella había ayudado en la organización de la boda y tenía que amortizar su trabajo. Yo simplemente me quedé atónita. El plato de mi boda cuesta 190€, se sabe perfectamente que a día de hoy en una boda “no ganas” pero recuperas una parte, ella me estaba haciendo perder 400€ adicionales de los que contaba y además, con gente que no conocía de nada. Lo peor es que no veía nada de malo en ello.
– Lucía, no puedes venir a mi boda. Esto ya es tener morro, entiendo que no des regalo porque no crees en ello, pero a tres meses no puedes hacerme asumir volver a organizar las mesas y gastar 400€ adicionales que no tenía previstos en un tío que acabas de conocer y en su hija.
Y se fue.
Hace un par de semanas de esta conversación y no se nada de ella. Bueno, si se que me está poniendo verde con amigas en común, pero llegado a este punto me da igual. Una cosa es ser fiel a tus principios y otra ser una jeta.
