Lo razonable sería no haberla invitado.
Es evidente que el que invita paga, pero en nuestra sociedad y tradiciones, los invitados corresponden a los novios con un regalo, el valor económico según las posibilidades y estimaciones de cada uno, no ya por pagar el plato o dejar de pagarlo, sinó por demostrar aprecio a los contrayentes.
Una persona que considera que es suficiente aprecio adornar el banquete con su presencia, no me parece que comprenda las reglas no escritas de las celebraciones de boda, por lo que le resultaría más sano no participar en ellas.