Voy a intentar ser breve y clara.
Tengo os amigas, M. y R.
M. roza la cincuentena y es psicóloga. R. no llega a los 30 y es una persona que ha vivido problemas en su casa y está más sola que la una.
R. añora amigas pero no sabe hacerlas porque cuando la llevas con tu pandilla, no habla, está callada observando. Solo se ríe y hace un comentario básico de «ay que chaqueta tan bonita, ¿es de zara?».
De pronto, a estas edades, me convierto en su mejor amiga y quiere estar todo el tiempo conmigo, ya que si no no hace nada más que estar viendo la tele en casa.
Le recomiendo ir al psicólogo y como el mundo es un pañuelo acaba yendo a mi otra amiga M.
M. nos cuenta a mí y al resto sus anécdotas en consultas sin dar jamás ningún dato por si en caso de pudiésemos identificar. Y empieza a contar historias de R. Una chica muy buena que no daba para más en el mundo social, por decirlo así. Y sus historias, empiezan a ser mis historias: Si bien yo he ido a una cena con 30 personas y me he llevado a R., que no ha hablado con nadie más que conmigo, se ha quedado sentada sola en la mesa mientras yo bailaba socializaba, la historia para M. es que la han invitado a un cumple en el que se lo ha pasado pipa, ha conocido gente y ha bailado hasta el amanecer.
Jarro de agua fría por en encima de mí.
R. se acostumbra a ser mi sombra y a acompañarme a todo, empezando a ser una obligación. Empieza a competir con mis otros amigos, quién me conoce mejor y lo sabe todo de mí.
A la par, sigue contándole sus mejoras a la psicóloga, que le dice que se aferre a todos los planes que puede con su nueva amiga, mientras yo me ahogo.
¿Qué hago? ¿Le digo a mi amiga M. que su paciente le está mintiendo, que no avanza y lo que está haciendo es asfixiar a otra persona, en este caso yo pero seguirá haciéndolo con todo el mundo que le interese, para que la pueda ayudar de verdad o me sigo en silencio en las sombras sin entrometerme?
Absteneos del «¿pero seguro que es ella?’ porque sí, es ella, hay datos que no voy a confirmar y os tenéis que fiar de mi palabra, que no tengo por qué mentiros.
P.D. R. me abruma tanto que ya hasta que respire me agobia.
